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Por IberCultura Viva

En26, Apr 2016 | En | PorIberCultura Viva

Ludocriarte: el Punto de Cultura donde todo el mundo trabaja jugando

El italiano Paolo Chirolla tenía 18 años cuando desembarcó por primera vez en Brasil. Alumno de un curso de Ciencias de la Educación en Milán, Italia, aprovechó sus vacaciones para trabajar como voluntario en un proyecto social de la Ciudad de Goiás, a poco más de 140 kilómetros de Goiânia, capital del estado que lleva el mismo nombre del municipio que lo acogió – en ese primer momento, durante un mes y medio.

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Paolo Chirolla fundó Ludocriarte en 1985 (Foto: Acácio Pinheiro/MinC)

“Siempre estuve muy metido en los movimientos sociales. Tal vez porque en Italia el voluntariado es algo muy fuerte, está en la sangre. Allá es común participar de proyectos que ayuden al otro, sin ninguna remuneración financiera”, afirma Chirolla, hoy presidente de la Associação Ludocriarte, uno de los más de 4,5 mil Puntos de Cultura existentes en Brasil.

Cerca de dos años después de su primera visita al Centro Oeste brasileño, el entonces estudiante universitario retornó a Brasil de manera definitiva. Dejó la facultad y la familia en Italia para seguir su destino. “Fue más fuerte que yo. De alguna manera, siempre supe que no tendría una vida tradicional”, comenta.

El italiano pasó por una serie de proyectos e instituciones hasta que, en 2005, fundó la Associação Ludocriarte en una casa de São Sebastião, región administrativa del Distrito Federal. Allí creó una ludoteca comunitaria para atender a niños y jóvenes de baja renta. Por medio del rescate de los juegos tradicionales, la institución promueve un trabajo de educación y cultura con la comunidad.

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Los cuentacuentos es una de las actividades realizadas con los niños (Foto: Acácio Pinheiro/ MinC)

“Para nosotros, jugar lo es todo. Jugar es cultura. Con el juego y el lenguaje lúdico el niño accede a todas las otras cosas. Hicimos un trabajo inverso, intentando incluir todo dentro del juego, y no al contrario”, destaca Chirolla. En “Brinca”, como es llamado el local, los niños conocen actividades como el teatro, la música y el cine por medio de los juegos. De ese modo absorben los contenidos y son estimulados a crear sus propias obras.

Según Paolo, los productos culturales dirigidos a los niños son habitualmente pensados y producidos por adultos. Éstos tienen su valor, claro, pero también disminuyen el potencial creativo de los pequeños. El arte y la cultura casi nunca son pensados en coordinación con los niños. “Nuestro foco  fue siempre fomentar lo lúdico dentro de la cultura de la infancia. ¿Y qué es la cultura para el niño sino  jugar? Para nosotros, jugar es el origen de toda la cultura infantil”, afirma Chirolla.

Actualmente, Ludocriarte atiende a 85 niños, la mayoría entre 6 y 14 años. Frecuentan la institución de lunes a jueves, en turno contrario a las clases. Además de usar la ludoteca comunitaria, con juguetes y juegos de mesa, los alumnos participan de las clases lúdicas de informática y de talleres, entre ellos los de cuentacuentos, de musicalización y de hip hop. Los niños también usan la calle para juegos populares como el fútbol.

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Además de usar la ludoteca, los niños tienen talleres lúdicos de informática

Un Punto de Cultura y sus hijos

En 2010, Ludocriarte fue seleccionada como Punto de Cultura. Con los recursos transferidos por el Ministerio de Cultura, la institución montó un laboratorio de informática y compró una serie de instrumentos musicales para los niños. El apoyo fue también importante para la concepción de los talleres de cuentacuentos, que resultaron en la publicación de dos libros producidos por los propios alumnos.

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Lea el libro Era outra vez: http://bit.ly/1WeVw46

Presentado en 2012, el primer libro, Era outra vez… Histórias clássicas recriadas pelas crianças do Ponto de Cultura Ludocriarte”, incluyó recreaciones de obras clásicas como Cenicienta y Caperucita Roja. El segundo libro del proyecto, Era outra vez… Histórias Mágicas criadas pelas crianças do Ponto de Cultura Ludocriarte”, se presentó en 2014, teniendo como telón de fondo un mundo mágico, con hadas, princesas y dragones.

En 2016, Ludocriarte dio inicio a una tercera fase de ese proyecto. En conmemoración a los 10 años de la institución, los niños producirán un nuevo libro, que tendrá justamente los juegos populares como inspiración. “El trabajo que desarrollamos con los niños para la elaboración de las historias es siempre muy rico. Empieza con los cuentacuentos y, por medio del juego, comenzamos a crear sobre ellos. Ahora, quien sabe, podremos crear una narrativa con dona Chica y el gato, por ejemplo”, explica Isabela Leda, psicóloga y tallerista voluntaria de creación de historias, refiriéndose a la canción tradicional “Atirei o pau no gato”.

Lucas Alves de Melo, de 10 años, es uno de los más entusiasmados con las creaciones. “Lo que más me gusta de la ludoteca es que aprendemos jugando. El trabajo con los libros es genial. Verlos listos es emocionante. Es casi como si fuera un hijo, pues ayudé a crearlo”, dice el chico.

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El taller de música (Foto: Acácio Pinheiro/MinC)

Además del libro propiamente dicho, este año los niños trabajarán también en la concepción de un DVD con músicas y videos producidos por ellos mismos. Una de las canciones incluso ya ha sido compuesta y ensayada por ellos Con el título “Há dez anos”, retrata un poco del clima del espacio. “Desde hace diez años hay muchos juegos / Desde hace diez años hay mucha comprensión/ Desde hace diez años hay mucha amistad / Desde hace diez años trabajamos en unión (…) Felicidad es estar sonriendo / Aprendiendo a ser ciudadano / Siendo aceptado de la manera que soy / Mejor camino, mejor opción.”

Jugar también es algo serio

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(Foto: Acácio Pinheiro/MinC)

Con frecuencia los juegos tienen un aire más serio. Por medio de ellos se trabajan cuestiones como racismo y bullying, y sin que se den cuenta, los niños absorben valores que les serán útiles para toda la vida.

“Aquí aprendí a tener disciplina, a respetar a los colegas y las diferencias”, afirma Maikon Daniel da Silva Lopes, de 14 años. El joven frecuenta la institución desde 2006 y, aunque ya no participe de las actividades, está siempre presente. “Quiero ser ‘brinquedista’ (especialista en juegos, en recreación). Mientras eso no llega, intento ayudarlos como puedo”.

Su madre, Rabiana Pereira da Silva, cuenta que la institución fue de extrema importancia para su hijo. “Maikon  fue siempre un niño activo, que no paraba quieto. Si no hubiese tenido esa oportunidad, probablemente hubiese estado en la calle, jugando sin seguridad. En la ludoteca, toda su energía se vuelca en los talleres, lo que ha hecho de él un niño muy creativo. Está teniendo acceso a una cultura que yo no tendría condiciones de dar”.

Los viernes Ludocriarte cierra para hacer balance. Sin la presencia de los niños, los brinquedistas, talleristas y monitores se juntan para hacer una reunión pedagógica. “Estos encuentros son muy importantes para el funcionamiento de la institución. Es un espacio en el que podemos exponer nuestras dificultades. Lo bueno es que todos buscan una solución conjunta para cualquier problema que aparece, sea con un alumno o con una clase específica”, dice la estudiante de pedagogía y brinquedista Darleane Silva Santos, de 21 años.

Para Paolo Chirolla la atención y la inversión en los educadores son fundamentales para el éxito de Ludocriarte. “Si no hiciéramos estas reuniones, perderíamos mucho. Probablemente serían absorbidos por la rutina y  se sentirían pronto desmotivados”, afirma el presidente de la institución, sin ahorrar elogios a sus aprendices.

“Trabajar con los niños es algo que nos da un placer inconmensurable, pero lo que más me motiva dentro de ese trabajo es la participación de los educadores. Eso me deja realmente tocado. De alguna manera reveo mi juventud por medio del entusiasmo de esos chicos y chicas”, afirma, visiblemente emocionado.

Texto: Cristiane Nascimento (Ascom/MinC)

Fotos: Acácio Pinheiro (Ascom/MinC)

 Fuente: Ministerio de Cultura de Brasil (MinC)