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Para o Topo.

Concepto

I Congreso Nacional de Cultura Viva Comunitaria, en Córdoba (Argentina). Foto: Oliver Kornblihtt

Cuando hablamos de políticas culturales de base comunitaria tomamos como referencia el programa Cultura Viva, creado en Brasil en 2004, y los programas Puntos de Cultura lanzados en Argentina (2011), Perú (2012), Costa Rica (2015), Uruguay (2017), Paraguay (2021) y Chile (2022). Sin embargo, son varias las iniciativas gubernamentales en Iberoamérica que apuestan a la cultura como vínculo fundamental para transformar realidades y buscan reconocer y potenciar las iniciativas culturales de las comunidades en los lugares donde ocurren.

El concepto “cultura viva” surge con la experiencia brasileña de los Puntos de Cultura, pero existe en la práctica desde hace décadas en miles de comunidades de los países iberoamericanos. Cultura viva comunitaria es, por lo tanto, una expresión creada para dar nombre, sentido y visibilidad a dinámicas culturales que han surgido en la región. ¿Por qué viva? Porque es pulsante, mutante, diversa. ¿Por qué comunitaria? Porque es donde nace, donde se organiza. Y porque la idea es beneficiar prioritariamente a los pueblos, grupos y comunidades en situación de vulnerabilidad social y con reducido acceso a los medios de producción, registro, disfrute y difusión cultural.

Desde abajo hacia arriba

El programa Cultura Viva, transformado en política de Estado en Brasil en 2014, con la sanción de la Ley 13.018/2014, ha establecido nuevos parámetros de gestión y democracia, aplicando conceptos como “Estado-red” (Manuel Castells) y “Estado ampliado” (Antonio Gramsci). Teniendo como base de apoyo los Puntos de Cultura – o sea, las entidades o colectivos culturales reconocidos y certificados por el gobierno federal –, el programa apostó por un proceso desde abajo hacia arriba, dando fuerza y reconocimiento institucional a organizaciones de la sociedad civil que ya desarrollaban actividades culturales en sus comunidades.

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Célio Turino (D), uno de los creadores del programa Cultura Viva, en marcha del Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, en Bolivia.

Con ese modelo de política pública, en vez de imponer acciones y conductas, el Estado reconoce la importancia de la cultura producida en cada localidad. En vez de imponer una programación cultural, reconoce y potencia las iniciativas culturales de la comunidad en el lugar donde ocurren, conforme sus necesidades y planes de trabajo. Autonomía y protagonismo social son palabras clave de ese proceso contínuo que inspira cada vez más países (y ciudades) en Iberoamérica.

Cultura y territorio

Se entienden por organizaciones culturales comunitarias aquellas que desarrollan una acción cultural, educacional y/o de comunicación popular vinculada a un determinado territorio, permanentemente y no directamente vinculadas al ámbito estatal o al mercado de bienes, productos y servicios culturales.

Son “cultura viva” iniciativas desarrolladas en/por centros culturales, radios o televisión comunitaria, diarios barriales, grupos de teatro, danza, circo, artes visuales, grupos que trabajan con cine, literatura, rescate de identidad, saberes tradicionales, alternativas económicas solidarias y colaborativas… Son muchas las posibilidades de actuación en las comunidades, teniendo en vista el estímulo a la creatividad y el respeto a la dinámica local. Y es así, relacionando cultura y territorio, cultura e identidad, que se va construyendo una nueva historia de políticas públicas en el contexto iberoamericano.

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PC = ( a + p ) r : La ecuación de la Cultura Viva, por Célio Turino