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Unión Comunal de la Cultura de Andacollo: trabajando juntos para el bien comúnUnión Comunal de la Cultura de Andacollo: trabajando juntos para el bien comúnUnión Comunal de la Cultura de Andacollo: trabajando juntos para el bien comúnUnión Comunal de la Cultura de Andacollo: trabajando juntos para el bien comúnUnión Comunal de la Cultura de Andacollo: trabajando juntos para el bien comúnUnión Comunal de la Cultura de Andacollo: trabajando juntos para el bien común

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En22, Jun 2018 | En | PorIberCultura

Unión Comunal de la Cultura de Andacollo: trabajando juntos para el bien común

Andacollo es una ciudad y comuna de Chile ubicada en la Provincia de Elqui, en la Región de Coquimbo. Con una superficie de 310 km2 y más de 10 mil habitantes, cuenta con una gran cantidad de artistas y agrupaciones culturales que hace tres años decidieron trabajar juntos para el bien común, buscando estimular el sentido comunitario de vida, las tradiciones e identidades expresadas a través de la cultura y las artes.

El trabajo colaborativo empezó el 13 de junio de 2015 con un encuentro que reunió a más de 80 cultores, artistas, gestores, artesanos y vecinos locales. De la actividad surgió el libro “Diagnóstico Cultura Viva de Andacollo”, un aporte para la construcción de políticas culturales y participativas, con objetivos, propuestas y una sencilla mirada de los protagonistas del mundo cultural en la comuna.

 

De este encuentro nació la Unión Comunal de la Cultura de Andacollo (UCCA), organización comunitaria que tiene como principal objetivo revalorizar el sentido de identidad, fomentar y desarrollar el arte, la cultura y el patrimonio en la comuna, mediante el trabajo mancomunado de artistas, gestores, docentes y ciudadanos activos.

Apoyar, encauzar y promover la cultura entre la ciudadanía en general, ofreciendo espacios y programas culturales, también están entre los objetivos de la UCCA, así como crear redes y circuitos con diferentes organismos y asociaciones, y organizar festivales, encuentros, intercambios y concursos culturales a nivel municipal y regional, que estimulen la participación y la creación artística.

 

La plataforma digital

En octubre de 2017, el entonces Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (actualmente, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio) dio a conocer los 56 proyectos seleccionados en la convocatoria del Programa Red Cultura para el Financiamiento de Iniciativas Culturales Comunitarias 2017. El proyecto de la Unión Comunal de Cultura de Andacollo estaba entre ellos.

Con el recurso recibido, se creó un sitio web para alojar a los socios, sistematizar actividades y difundir sus expresiones, buscando fortalecer el trabajo que desarrollan las diversas organizaciones y agrupaciones artísticas de Andacollo. La plataforma digital http://www.uccandacollo.cl fue lanzada el pasado 20 de junio.

 

En el sitio web se presentan algunas de las agrupaciones que son parte de la Unión Comunal, con imágenes, un resumen de sus actividades, datos de contacto, redes sociales, etc. Una de las más numerosas es la Escuela de Talentos Andacollinos, un espacio de formación cultural donde se imparten talleres artísticos de: canto, coro, danza, teatro, guitarra, folclore latinoamericano y fotografía, realizados por profesores, cultores y artistas andacollinos, de manera gratuita y abierta a la comunidad.

Entre los grupos musicales, se encuentran: Huaso González, La Gran Sonora Bandacollo, ADN Tropikal, Churi Pacha, Sin Ofender, Grupo Cielo, Pirqay y los cantautores Ximena Urrutia y Eduardo Rojas. Entre las agrupaciones de música y danza, destacan Qullu Marka, que presenta danzas bolivianas tales como el caporal, el tinkus, la morenada y el tobas; y el grupo de danza y academia de cueca Raices Rosarianas. También está presente el trabajo del grupo de artesanas Uraqui.

 

Las líneas de trabajo

Las agrupaciones que se presentan en la plataforma realizan juntas, en sus diferentes áreas, acciones culturales que revalorizan las expresiones propias de la identidad de la comuna, donde los protagonistas del “quehacer cultural” son los propios vecinos.

Así, buscan ser un puente entre aquellas necesidades sentidas de la comunidad andacollina, sus conocimientos y virtudes ancestrales, con una forma de participación que les permite formar no solo conocimientos artísticos, sino también valores, sentido comunitario, tradición, identidad y multiculturalidad.

Para garantizar el acceso a la cultura y las artes, especialmente entre los vecinos con menos oportunidades, se realizan una serie de espectáculos, encuentros y servicios culturales en distintos sectores de la comuna.

En el área de formación, la Escuela de Talentos y la Academia de Danzas Folclóricas Raíces brinda talleres gratuitos en más de diez disciplinas artísticas. Además, hay talleres de astronomía básica para estudiantes y talleres de salvaguardia, puesta en valor y fomento del patrimonio cultural material e inmaterial de Andacollo, con el firme objetivo de generar oportunidades de expresión artístico-cultural para toda la ciudadanía.

 

También en la línea de patrimonio se trabaja en el rescate, grabación y difusión de temas inéditos de los antiguos festivales de la comuna. Asimismo, los artistas plásticos realizan murales patrimoniales en paredes céntricas de la comuna.

Otra línea de trabajo importante está orientada a la formación de redes y talleres de liderazgo, con la realización de proyectos y actividades para aportar al fortalecimiento de las políticas culturales comunales y al diseño de planes comunales de cultura a fin de generar coherencia y sinergia en el conjunto de las políticas públicas territoriales.

El 1º Encuentro de Organizaciones Culturales Comunitarias de Andacollo, en agosto de 2017

 

Sepa más:

http://www.uccandacollo.cl

www.facebook.com/andacollocultura/

 

 

**Integrantes de la Unión Comunal de la Cultura:
 Agrupación de Danza “Danza Tusay”, Agrupación de Danza “Raíces Rosarianas”, Agrupación de Danza “Inti Waira”, Sonora musical “La Gran Bandacollo, Grupo Ranchero ADN Tropical, Grupo Andino “Cielo”, Grupo Andino “Churipacha”, Grupo Andino “Zambos”, Agrupación Folclórica “Huaso González”, Agrupación “La Riota Rock”, Grupo Quyllur “Divulgación y enseñanza de la Astronomía”, Agrupación “Andacollo Patrimonial”, Agrupación Cultural “El Maray”, Escuela de Talentos Andacollinos, Agrupación Cultural “Pacha Mama”, Agrupación de Artesanos de Andacollo Uraqui, Grupo Pirqay, Escuela de Talentos Andacollinos, Lakita Antacolla, Agrupación Violeta Parra, Agrupación social y cultural Canto y Vida. Y más de 20 profesores, gestores y artistas de la comuna.

 

Centro Cultural y Colectivo Teatral La Mandrágora: una ventana a otro mundoCentro Cultural y Colectivo Teatral La Mandrágora: una ventana a otro mundoCentro Cultural y Colectivo Teatral La Mandrágora: una ventana a otro mundoCentro Cultural y Colectivo Teatral La Mandrágora: una ventana a otro mundoCentro Cultural y Colectivo Teatral La Mandrágora: una ventana a otro mundoCentro Cultural y Colectivo Teatral La Mandrágora: una ventana a otro mundo

Por IberCultura

En31, Oct 2017 | En | PorIberCultura

Centro Cultural y Colectivo Teatral La Mandrágora: una ventana a otro mundo

Fotos: Hugo Provoste

En un sector de Achupallas –la segunda población más grande de la ciudad de Viña del Mar (Chile), donde viven 40 mil habitantes- las canchas deportivas están todas cerradas. No hay plazas, no hay consultorios, no hay carabineros, no hay bomberos. Hasta hace tres años, tampoco había agua potable en ese sector nacido a finales de los 60. En la punta del cerro, sin embargo, está una casa multicolor que desde 2004 sirve de entrada para un mundo diferente de lo que se ve afuera: el Centro Cultural y Colectivo Teatral La Mandrágora.

En este espacio autogestionado hay un teatro para 120 personas, una biblioteca comunitaria con 3 mil ejemplares, una huerta dentro de un microbús, un patio lleno de niños, niñas, jóvenes y personas adultas, una sonrisa a cada canto. Entre las actividades desarrolladas de forma voluntaria y gratuita, se encuentran talleres de teatro, máscaras, trapecio, malabares, acrobacia, reciclaje y acroyoga. Las clases se imparten de miércoles a domingo, con 15 a 25 participantes por taller.

 

 

Además, La Mandrágora promueve anualmente el Encuentro Internacional de Teatro “Achupallas un Cerro de Cultura” (ETACC). Ahora, en su décimo tercera  edición (del 26 de octubre al 5 de noviembre), el encuentro cuenta con la participación de compañías de teatro nacionales e internacionales que muestran sus obras, dictan talleres y charlas de manera gratuita a las y los pobladores. No solamente en el centro cultural, sino también en las calles, plazas y colegios de los alrededores, en los sectores de Santa Julia, Achupallas, Miraflores y Villa Independencia, entre otros lugares de la comuna.

Carnaval ETACC 2017 (Foto: Esteban Kroff Cabrera)

 

El comienzo

La Mandrágora se inició en 2001 como un grupo de teatro. Un equipo conformado por estudiantes de la Universidad Católica de Valparaíso que obtuvieron personalidad jurídica, ganaron recursos del Proyecto Fondart, compraron un microbús y salieron a viajar en Chile, desde Coquimbo en el norte hasta la Región de La Araucanía, llevando arte a lugares apartados, diferentes de los circuitos comunes de las grandes compañías de teatro.

“Recorrimos 40 comunas haciendo teatro. No íbamos al centro de las ciudades, sino que en las comunas más vulnerables”, recuerda el actor Cristian Mayorga Hevia, uno de los fundadores de La Mandrágora, que acabó abandonando la carrera de ingeniería en el último año para dedicarse solamente al teatro.

En 2004, cuando el colectivo decidió instalarse en Achupallas, la idea también era estar en un lugar apartado del centro, entregando y construyendo arte, buscando romper el ciclo de pobreza. Y ellos lo hicieron con sus propias manos, construyendo poco a poco la casa donde viven y trabajan, principalmente a partir del reciclaje. “Amamos la basura. Gracias a eso pudimos construir nuestro espacio”, afirma Cristian. “Acá no había nada. Y todo que está acá lo hicimos autogestionando.”

Cristian: “Amamos la basura. Gracias a eso pudimos construir nuestro espacio”

 

En etapas

Comenzaron por los espacios más básicos: el baño y la cocina. (Sí, se dormía ahí mismo, la cama quedaba al lado del comedor). Después, armaron la biblioteca. Hicieron una pequeña sala de teatro, la ampliaron, la elevaron para incluir un trapecio, pero el viento allí es muy fuerte y, en 2009, se voló el techo completo. El año siguiente, lo levantaron de nuevo y se volvió a volar. De ahí, la solución fue bajar el techo y llevar el trapecio para el patio, donde se mantiene desde entonces.

La micro que compraron con parte de los recursos recibidos del Proyecto Fondart ya estaba vieja, y como no tenían cómo mantenerla, transformaron el vehículo en una sala de computación. Después que la mayoría de los vecinos pasó a tener internet en los celulares, y las computadoras que les habían donado quedaron obsoletas, la micro pasó a albergar materiales reciclables (vidrios, plásticos, etc) y las más variadas plantas. Hace tres años está cubierta de verde, incluso con semillas de árboles como palto (aguacate), que ellos actualmente plantan en el cerro, en un proyecto de recuperación de espacios públicos.

Un referente

Los jóvenes integrantes del colectivo teatral fueron los primeros universitarios que llegaron  a Achupallas con la intención de instalarse.  “La gente decía: ‘ellos son universitarios, ellos saben todo’”, Cristian cuenta entre risas. Según él, los vecinos aparecían siempre cuando necesitaban algo. ¿Se le enfermó el hijo, tenía que hacer una tarea, quería construir una casa? Todo era motivo para ir a la casa de los estudiantes universitarios. “La Mandrágora se transformó en una especie de referente”, afirma. “Se transformó en la plaza, la cancha, el centro de madres…”

Para Francisco Rojo (“Pancho”), director de La Mandrágora, el hecho de que los integrantes del colectivo también vivan en la comunidad (no están “interviniendo”) les ha ayudado a tener esta buena relación con los vecinos. “Tenemos un horario de funcionamiento, pero es de pantalla, porque la gente llega en la noche. Uno quiere ayuda con la tarea, otro necesita alguien con quién conversar… Somos actores, psicólogos, pedagogos (risas)… Somos como una familia, y como esta es nuestra casa, de cierta manera sus problemas también son nuestros.”

 

El mismo Pancho llegó a La Mandrágora como alumno y se acabó quedando. Tenía 17 años y venía de Valparaíso para participar de un taller de máscaras, justo cuando el grupo organizaba en el cerro su segundo Encuentro de Teatro. “Estaba haciendo teatro en el liceo, también interesado en el movimiento social, y este espacio me pareció perfecto. Ahí me fui involucrando, empecé a venir un día, dos, tres, cuatro, hasta que me vine a vivir”, cuenta. Hoy, a los 28 años, es uno de los profesores, uno de los siete que ocupan la parte residencial del centro cultural, además de representante legal de la organización. “Todo lo que sé de teatro, circo, trapecio, gestión, lo aprendí en este espacio.”

Pancho: “Todo lo que sé de teatro, circo, trapecio, gestión, lo aprendí en este espacio”

 

Sin prejuicios

Pancho se refiere a La Mandrágora como una “escuela”, “una escuela libre” donde todos son parte del proceso de creación de lo que se quiere hacer. Cristian, a su vez, llama la atención para el “espacio de liberación” en el que se transformó la organización: “Acá no se discrimina a nadie por nada”. Personas con esquizofrenia, con obesidad mórbida, o mismo jóvenes homosexuales que se sienten discriminados en otros lugares, encuentran en La Mandrágora un espacio de respeto, de protección.

“Para mi familia, La Mandrágora fue una ventana”, cuenta Amanda Guajardo, pobladora que vive un poco más arriba del centro cultural. “Acá en el cerro no hay un espacio para las familias, una placita, un lugar donde uno diga ‘anda, juega a la pelota tranquilo’. Sabemos lo que pasa afuera, niños de la edad de mi hijo mayor están en la pasta base, tirando piedras. Por eso, cuando escuchamos unas voces y tambores llamando a la comunidad para que participara en la actividad, fue ¡‘oooh, aquí está, se abrió un mundo!”

Se va a cumplir un año desde que Amanda y sus tres hijos pasaron a frecuentar el espacio, participando de varios talleres incluso los fines de semana y las vacaciones. “Ha sido súper importante este lazo que se ha formado. Esta es nuestra nueva familia con los chiquillos. Nunca hubo discriminación, no nos cuestionaron nada, en ningún momento nos miraron raro. Éramos uno más y así ha sido hasta el día de hoy”, ella señala.

 

Amanda: “Para mi familia, La Mandrágora fue una ventana. Se abrió un mundo”

Medioambiente

Quedaron tan cercanos que Amanda hoy también es parte de uno de los más recientes proyectos del colectivo, el “Acupunturarte”. La iniciativa se desarrolla en el cerro detrás del sector de Achupallas, en el campamento Manuel Bustos, una de las ‘tomas’ más grandes de Chile, donde los integrantes de La Mandrágora ayudan a construir una plaza con huertas comunitarias y a levantar un centro cultural propio del territorio, llamado Nendo dango.

“Nendo dango” es el nombre que se da a las “bolas de arcilla”, el método de las bombas de semillas utilizado para repoblar bosques y otras zonas naturales degradadas, sin perjuicio al suelo. Y es así, con esta apuesta por el verde, con los conocimientos adquiridos en los talleres de medioambiente y permacultura, que el grupo pretende ayudar a cambiar la realidad del campamento , un lugar marcado por la violencia y drogadicción.

La inspiración para “Acupunturarte” vino de la idea de insertar “puntos de cultura” en los lugares más críticos del cuerpo (o del “Do-in antropológico”, como decía Gilberto Gil, ex-ministro de Cultura de Brasil, al implementar el programa Cultura Viva en el país). La idea nació con el amigo Ricardo Ribeiro (de la compañía Colectores de Sueños), uno de los brasileños que actúan como colaboradores frecuentes del Encuentro Internacional de Teatro promovido en Achupallas.

Los intercambios

El dramaturgo brasileño Anderson Feliciano es otro de los “embajadores” de La Mandrágora que hace años va y vuelve a la punta del cerro. Fue el primero a participar de la Residencia Mandrágora, iniciativa que prevé alojamiento gratuito (por período de 3, 6 o 12 meses) para un estudiante o profesional que quiera realizar de forma voluntaria intervenciones socio-artísticas educativas para la comunidad. Se insertó tan bien en el grupo que no pierde una oportunidad de volver para un taller o una presentación. “Es siempre una alegría estar acá”, afirmó el brasileño, de vuelta al ETACC este año por sexta vez.

“Las compañías que vienen para los encuentros de teatro hacen intercambio también con las familias. Se alojan en las casas de los vecinos, y nosotros ayudamos con alimentación. Hay compañías que tienen más conexión con estas familias que con nosotros (risas). Hay una parte más afectiva que nace ahí y qué es lo más maravilloso del intercambio cultural”, comenta Cristian. “Algunas familias nos preguntan: ¿por qué en la casa de la vecina se recibió a una compañía y en la mía no se ha quedado nadie? Tenemos una pieza ahí, podemos desocupar…”, añade Pancho con una sonrisa.

El ejemplo

Aunque La Mandrágora haya logrado tener una cierta visibilidad en la región, especialmente por la manera con que trabaja desde la autogestión, Cristian resalta que hay muchas otras organizaciones en los cerros de Viña del Mar y otras zonas que como ellos “están en una dinámica de construcción cultural” y no reciben ningún financiamiento para eso. “Solamente en Viña hay 19 espacios que hacen lo mismo que nosotros”.

Para él, más allá del ámbito artístico-cultural, es compensador ver la sonrisa de un niño, saber que la mayoría de los alumnos que han pasado por La Mandrágora hoy son jóvenes que estudian, trabajan y tienen sus familias. “Acá en el sector nadie iba a la universidad, y ahora algunos ya van. Familias que nunca habían tenido esta posibilidad, al participar de La Mandrágora, se les abrió un mundo completamente diferente.”

 

(*Texto publicado el 31 de octubre de 2017)

Sepa más:

www.mandragora.cl

www.facebook.com/www.mandragora.cl/

 

 

 

La Escuela Artística Comunitaria de Lo Espejo: un espacio abierto y de largo alientoLa Escuela Artística Comunitaria de Lo Espejo: un espacio abierto y de largo alientoLa Escuela Artística Comunitaria de Lo Espejo: un espacio abierto y de largo alientoLa Escuela Artística Comunitaria de Lo Espejo: un espacio abierto y de largo alientoLa Escuela Artística Comunitaria de Lo Espejo: un espacio abierto y de largo aliento

Por IberCultura

En07, Oct 2017 | En | PorIberCultura

La Escuela Artística Comunitaria de Lo Espejo: un espacio abierto y de largo aliento

Fotos: Escuela Artística Comunitaria

En la comuna de Lo Espejo, en la zona sur de Santiago (Chile), existe una escuela que funciona solamente los días sábados y de donde los alumnos parecen no querer salir. “Esta es la única escuela que nosotros tenemos que echarlos”, dice una de sus organizadoras, Rosa Núñez, entre risas. Creada en 2012 como una instancia formativa desde y para la comunidad, la Escuela Artística Comunitaria ha trabajado con el 90% de autogestión, impartiendo talleres de forma gratuita a los niños, niñas, jóvenes, personas adultas y adultos mayores de la región. Cuando empezaron las actividades, eran unas 25 personas. Este año, había más de 400 estudiantes inscritos en los talleres.

Hay gente de todos los tipos en las clases de música, danza, teatro, circo, entre otras manifestaciones artísticas que se ofrecen en el espacio de marzo a diciembre. Eran cinco talleres al principio, hoy día hay 18. Algunos son de largo aliento, otros más cortos, puntuales. Las actividades se realizan con o sin recursos gubernamentales.  “El capital está en la comunidad”, resalta Hugo Melo, uno de sus fundadores. “Estamos en nuestro propio espacio, somos de la población. Nuestro punto de partida es el conocimiento popular, la experiencia acumulada en nosotros.”

La motivación inicial

La Escuela Artística Comunitaria surgió desde la Corporación Cultural La Feria, impulsada por el movimiento estudiantil chileno, que en 2011 y 2012 protagonizó las protestas en demanda por educación pública gratuita y de calidad en el país. En realidad surgió no como un proyecto de escuela, sino como una comparsa de este grupo de vecinos de la comuna de Lo Espejo que buscaba acompañar el movimiento estudiantil con un poco más de energía, vitalidad y creatividad.

“Nos fuimos encontrando en las marchas, íbamos acompañando la lucha de los jóvenes, pero cuando volvíamos a nuestra comunidad lo único que teníamos era una olla”, recuerda Rosa Núñez. “Y no era posible que fuéramos apoyar el movimiento estudiantil, en medio a tanta creatividad en el centro, y volviéramos a nuestra comunidad con una olla y un palillo. Empezamos a conectarnos, a conocer a la gente de la comunidad que estaba en eso, nos fuimos encontrando, uno aparecía con una maraca, un tamborcito… Y ahí surge la comparsa.”

La comparsa callejera nace en 2011 como una agrupación musical conformada con vecinos estudiantes y profesionales del área social y cultural, gente de las artes escénicas, musicales, médicos, sociólogos, etc.  “Nos fuimos conociendo, conociendo, y cuando vimos ya no éramos 3 o 4, sino 10, 20, 30, 40…”, comenta Hugo Melo. “Después empezamos a darnos cuenta que muchos estudiaban arte en la universidad o eran artistas, o eran personas que tenían un compromiso social. Había mucho potencial, mucha capacidad humana en la comunidad.”

De comparsa a escuela

Según Rosa, los vecinos llevaron unos cinco, seis meses como comparsa hasta que empezaron a notar que también había muchos niños y jóvenes interesados en desarrollar áreas artísticas, y que podrían tener un espacio para juntarse una vez a la semana voluntariamente. “Era necesario generar un espacio donde los jóvenes y niños pudieran estar de manera más sistemática aprendiendo instrumentos musicales, coreografías de danza, aprendiendo a cantar…”, señala.

Se juntó entonces un grupo de vecinos que estaban interesados en ampliar este espacio, se elaboró un pequeño borrador y presentaron este proyecto de escuela para obtener fondos del gobierno regional. “Enmarcamos como una experiencia innovadora, distinta de lo que se hace o se venía haciendo en las comunidades”, resalta la gestora. “En general se hacen pequeños talleres, experiencias breves, y lo que estamos aportando es hacer una escuela de largo aliento. Un proyecto que perdure en el tiempo, que va del básico al más complejo”.

Un espacio abierto

Por otro lado, el proyecto de la escuela buscaba generar un espacio abierto, gratuito, en donde pudieran juntarse los niños, niñas, jóvenes, los adultos, adultos mayores, las mujeres, los hombres… Cómo define Rosa, “un espacio de cuidado de los jóvenes, de protección de los niños, donde se desarrollen los derechos y la promoción de lazos sanos y afectivos; un espacio de creación, de desarrollo, de crecimiento”.

La comuna de Lo Espejo es conocida como un sector de alta vulnerabilidad social. Con más de 100 mil habitantes, cuenta con una serie de problemáticas en el ámbito de salud, educación y vivienda, además de un escaso acceso a la práctica y apreciación del arte. La Escuela Artística Comunitaria (también llamada de “la escuelita”) surge en este contexto, a partir de una necesidad de estudiantes y profesionales de las artes, en su mayoría de la comuna, de crear una instancia de formación artística en el territorio.

Los recursos humanos

Los fondos vinieron, pero nunca fueron la parte más importante de la historia. “Vamos a seguir con el proyecto tengamos los recursos o no”, avisaba Rosa en 2012, el primer año de la escuela, en el que recibieron financiamiento para realizar ocho talleres artísticos, de julio a diciembre. Pasados cinco años, los talleres se han duplicado y el pensamiento sigue igual. “La escuela siempre ha trabajado con un 90% de autogestión, porque tenemos el recurso humano en la población”, manifiesta.

Dinero para comprar instrumentos era lo que más faltaba. En eso pusieron la mayor cantidad de recursos que vinieron de los fondos. Invirtieron en trompetas, trombones, un piano para la clase de canto y un piso especial para danza. “Invertimos en una educación artística de calidad. Aquí los profesores preparan las clases, tienen cierta formalidad”, cuenta.

No es necesario un título académico para que una persona pueda enseñar en “la escuelita”. El espacio está abierto incluso para estudiantes del último año de carreras artísticas que quieran tener una experiencia de educación comunitaria. Quienes asisten a las clases pueden evaluar si desean o no continuar. Los últimos tres años, el número de alumnos que terminan el proceso, asistiendo el año completo, no ha bajado de las 150 personas.

A lo largo del año se hacen varias muestras, y al final se realiza una gala, con luces y trajes, a la que todas las personas están invitadas. “Es súper bonito ver cómo todos nos preparamos para dar lo mejor y mostrar un espectáculo de calidad”, destaca Rosa. “Estudiantes que no tocaban nada hoy tocan jazz, hay acordeonistas que están tocando tango, Piazzolla… Una se siente gratificada cuando logra ver el espectáculo en su conjunto”, expresa.

 

Un centro cultural

Aunque los resultados sean visibles, ni todo fuese sencillo en el proceso. Los dos primeros años “la escuelita” realizó sus talleres en el Liceo B-133, un establecimiento del sistema de educación pública. No obstante, estudiantes y profesores tuvieron que dejar el lugar por determinación del gobierno local.  Desde 2014, están en el Colegio Sagrado Corazón (calle Lucila Godoy con Vallenar), en un espacio cedido por una fundación.

Las clases de danza, a su vez, ocupan desde 2013 un sitio que estaba abandonado al lado del colegio. “Un espacio que lo tenía en comodato la junta de vecinos, pero nunca se había hecho nada, se estaba arrendando para estacionamientos”, explica Carolina Arcos, profesora de teatro de la escuela. “Hicimos el trámite pertinente y después de un largo tiempo, al final de 2016, nos dijeron que el espacio estaba disponible para construir nuestro centro cultural.”

 

Las puertas del centro cultural se abrieron al fin del año 2017, pero el espacio aún está con mucho trabajo por hacer. “Esperamos que más personas se puedan sumar para seguir levantándolo”, comenta Carolina.

El 29 de diciembre de 2017,  fue inaugurado un mosaico en memoria a Victor Jara y Litre Quiroga, fruto del trabajo de 10 meses de un taller a cargo del profesor Gonzalo San Martín, realizado bajo el alero de la Corporación Cultural La Feria con apoyo de la Escuela Artística Comunitaria. La obra está en el muro de la sede del centro cultural, que albergará iniciativas no sólo de la “escuelita” sino también de otras organizaciones y personas de la comunidad.

 

La importancia de seguir

Hugo y Rosa saben que es importante seguir trabajando. Estuvieron en los movimientos sociales desde siempre –“desde la dictadura, en la calle, trabajando con cultura, participando”, señala ella– y aprendieron mucho de la experiencia.

“No hacemos escuela solamente para los chicos de la comunidad que quieren aprender, sino para los propios artistas. A final, ¿en qué lugar se enseña a ser artista desde lo comunitario o con lo comunitario, sino es la experiencia directa?”, pregunta Rosa. “En esta escuela los profesores se encuentran en igualdad de condiciones con los estudiantes. Desde ahí hacemos el proceso de enseñanza-aprendizaje. El vínculo, el aprendizaje que tienen los estudiantes, los artistas y los no artistas, es fundamental”, explica.

 

La fuerza del carnaval

Según Hugo Melo, los vecinos que llegan actualmente a la escuela no son solamente los suyos, los que viven en aquella localidad. “Partimos en una población y ahora estamos en toda la comuna. Antes hacíamos afiches, ahora no necesitamos ponerlos. Llegan de toda la región, la mayoría participa en la Escuela Carnavalera”, afirma.

Cómo la escuela está muy vinculada con el tema del carnaval, muchos de los nuevos alumnos acaban llegando por la fiesta. En 2012, se hizo en la comuna el primer carnaval por la memoria de Victor Jara. (El músico, cantautor, profesor y director de teatro chileno fue asesinado por la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet, en septiembre de 1973. Su cuerpo fue encontrado en el muro del Cementerio Metropolitano, en la comuna de Lo Espejo, junto al del director de prisiones de la época, Littré Quiroga y de otros tres cuerpos).

En 2013, se hicieron muchas más actividades en las calles de Lo Espejo y en el lugar donde fue encontrado el cuerpo de Víctor Jara, para conmemorar los 40 años del golpe militar y rendir homenaje a las víctimas. Y así se fue alargando la fiesta, la comparsa, las luchas. “Después de mucho esfuerzo logramos tener este espacio como un sitio de memoria donde cada año, en la fecha de septiembre, hacemos un carnaval masivo. Partimos de la Escuela Artística y llegamos a este lugar”, comenta Carolina.

El 24 de septiembre de 2017, la Escuela Artística Comunitaria realizó, con otras dos organizaciones, el “6to Carnaval Víctor Jara y Littré Quiroga”. El Memorial Victor Jara y Littré Quiroga, declarado monumento histórico en el año 2015, fue el punto final de este carnaval que llevó miles de vecinos a las calles para expresar su compromiso por la memoria y dignidad de los ejecutados políticos. Y mostrar que sí, es necesario seguir haciendo educación artística comunitaria.

 

 

6º Carnaval por Victor Jara y Littré Quiroga (Fotos: Julieta Melo Nuñez)

 

(*Texto publicado el 9 de octubre de 2017 y actualizado el 5 de enero de 2018)

 

Sepa más:

https://www.facebook.com/escuelaartistica.comunitaria/

 

Lea también:

“Victor Jara vive en Lo Espejo”

 

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Por IberCultura

En29, Sep 2015 | En | PorIberCultura

Patio Volantín: un espacio de encuentro basado en el trueque, el reciclaje y la autogestión

¿Qué pasaría si los habitantes de un barrio se reuniesen para crear un mundo alternativo donde todo estuviese basado en el reciclaje, el trueque y la autogestión? En un rincón del Cerro Panteón, en Valparaíso, Chile, un grupo de amigos ha logrado crear un espacio de encuentro donde se propone y se practica una cultura alternativa a la dominante mediante la gestión colectiva y autónoma: el Patio Volantín.

Abierto a la comunidad en general, el patio es un espacio que se va levantando en un sistema de “suma de voluntades”, en búsqueda de una economía social solidaria y sostenible. Las personas comparten el proyecto de diferentes maneras, con alguna disciplina, alguna idea o mano de obra, y poco a poco las actividades van afectando las relaciones interpersonales de todos alrededor: talleristas, asistentes, vecinos.

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El mural colectivo diseñado por Luna Calquin y Daniela Cortés

 

Además de las acciones de permacultura, jardines y reciclaje, desde 2011 se ofrecen talleres en diversas áreas de saberes, como artes escénicas, música, poesía, serigrafía, reiki para niños, acrobacia, papel reciclado… Son muchos los oficios y quehaceres conforme la temporada. Los interesados en participar de los talleres entregan 2 kilos de harina, que son convertidos en pan amasados y vendidos por la tarde a la comunidad . Es eso lo que sustenta parte del proyecto y lo mantiene funcionando día a día.

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Los panes: la harina es de los “talleres por trueque” y las manos son voluntarias

“Hemos desarrollado más de 300 talleres en estos cuatro años. Lo interesante es que con trueque y por convocatoria abierta”, destaca Benjamín Briones, presidente de la organización, panadero, constructor y vecino del cerro Panteón en Valparaíso desde el año 2001.

El trueque

Organizados por ciclos que duran de 5 a 8 semanas, los “talleres por trueque” nunca son los mismos, dependen de las propuestas de los talleristas. Todo aquel que quiera impartir un taller puede participar de las convocatorias, inscribiéndose vía formulario en línea. Una vez definidos los talleres del ciclo, comienza el proceso de difusión y los interesados en participar entregan los 2 kilos de harina que les permitirán materializar su inscripción.

El trueque, como ellos explican, es el intercambio que se realiza como retribución al conocimiento entregado por otro ser. Puede ser de carácter material (donación de alimentos no perecibles, por ejemplo) o no (servicios, tiempo y/o conocimiento). El objetivo es que beneficie tanto al educador como al espacio, para que el proyecto vaya creciendo y se vaya construyendo cada vez más colectivamente.

 

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Sembrando comunidad: el proyecto cuenta con acciones de permacultura, jardines y reciclaje

El trueque, por lo tanto, es un método de accionar desde la creatividad, la voluntad y la cooperación. Funciona como un sistema económico alternativo que ayuda a concientizar sobre prácticas sostenibles y genera lazos entre los diversos actores sociales, permitiendo el intercambio de experiencias y saberes.

Teniendo en cuenta que las personas son parte de una comunidad en el territorio al cual pertenecen, el proyecto busca valorar “el desarrollo integral del ser humano en armonía con su entorno natural y social, promoviendo instancias de educación alternativas al modelo económico/social tradicional”. Más allá de mejorar las condiciones materiales, busca valorar el compartir, la creación de lazos de confianza.

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Talleres por trueque: masa para niños

Autogestión

“Autogestión, trueque y reciclaje son los ejes transversales de trabajo que siempre se conjugan al desarrollar las diferentes acciones que emprendemos”, destaca Briones. La idea de autogestión no sólo se refiere a la autonomía de las acciones, sino también a la noción de hacer las cosas con lo que se tiene, tanto en términos de recursos como de voluntades de los involucrados en el proyecto.patio-volantin-nuestro-cerro

Construcción, para ellos, es un proceso constante, un eje central y base donde se materializa el trabajo en equipo, la unión de fuerzas. El espacio, construido a partir de material reciclado y de la energía disponible, pretende también contribuir a la restauración y transformación del barrio, por medio de la construcción colectiva.

En abril de 2014, un incendio destruyó más de 3,000 casas en los cerros de Valparaíso y dejó más de 15,000 damnificadas. Pasado un año, el Patio Volantín seguía trabajando con las comunidades afectadas, buscando a voluntarios para fabricar e instalar tejas a base de tetrapak (para aislar las viviendas), además de eco-ladrillos (creados con botellas PET y desechos plásticos). ¿Su propuesta? “Encontrarnos y hacernos fuertes construyendo colectivamente, conscientes de la existencia de otros que apuntan y caminan en la misma dirección”.

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Primer aniversario: Junta de Vecinos 70A Cerro Panteón

Tres preguntas para Benjamín Briones

1.El proyecto nace por una iniciativa de amigos de construir un espacio donde se generasen vínculos con los habitantes del Cerro Panteón. ¿Quiénes son esos amigos? ¿Había algo en la región que les molestaba especialmente?

Los amigos son Alejandra Arroyo, Tamara Águila, Sebastián Tapia, Patricia Inostroza, Lizette Verdugo, Mario Saavedra, Manuela Saravia, todos habitantes de Valparaíso, y Charly Cerda, Sebastián Valle y yo, habitantes, vecinos y gestores del Patio Volantín. Con el tiempo se han ido incorporando más y más vecinos del barrio. Actualmente y como consecuencia del trabajo comunitario en acción funciona en el mismo patio la unidad vecinal del Cerro Panteón, que congrega a 200 vecinos y de la cual soy presidente.

Nos mueve estrechar lazos entre los vecinos y que nos hagamos cargo del desarrollo de nuestro barrio. Nos molesta la estigmatización de nuestro sector debido a ser el centro de la bohemia de la ciudad, con la basura, el problema sanitario que genera y el desmedro en la calidad y el bienestar de los habitantes del lugar.

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Benjamin es presidente de la organización

2.¿De qué manera el proyecto ha cambiado la vida de la comunidad?

Al comenzar estábamos solos intentando dar una vida en el “día” al lugar, ahora contamos con más de cinco espacios cercanos y los vecinos continúan organizándose a partir de la colaboración y el lugar de encuentro y autogestión que entregamos.

Algunas de las organizaciones hermanas son Ancora, Sitio Eriazo, Isla de la Fantasía (el cual incluso apoyamos a formar y recuperar), Jardines para nuestro barrio, Libreteca Laurel, Unidad Vecinal 70A Cerro Panteón, Unidad Vecinal 68 Lord Cochranne y la 70 de cerro La Loma.

3.¿Ya pueden ver los resultados del trabajo?

Vemos los resultados en la recuperación de fachadas con murales pintados por la comunidad, áreas verdes recuperadas con árboles frutales/huertos/jardines, la formación de organizaciones nuevas y vinculación más profunda con las existentes. Nos coordinamos para generar acciones que permitan a los vecinos salir de sus casas y contar con un entorno más favorable para su bienestar y desarrollo.

 

(*Texto publicado el 29 de septiembre de 2015)

Sepa más:

www.patiovolantin.cl

 

Asista el vídeo del primer aniversario del proyecto

 

 

Entepola: el teatro como herramienta de formación y transformación socialEntepola: el teatro como herramienta de formación y transformación socialEntepola: el teatro como herramienta de formación y transformación socialEntepola: el teatro como herramienta de formación y transformación socialEntepola: el teatro como herramienta de formación y transformación social

Por IberCultura

En22, Sep 2015 | En | PorIberCultura

Entepola: el teatro como herramienta de formación y transformación social

En 1987, período difícil de la historia chilena, nació en Santiago un festival de teatro que cumplió un rol fundamental en la lucha contra la dictadura. El Encuentro de Teatro Popular Latinoamericano – Entepola, creado como un proyecto de la compañía La Carreta, surgió como una herramienta que mostrase a la gente que era posible ser protagonista, que era posible decir algo en aquel momento, cuando nadie podía manifestarse libremente.

Congregando a muchas compañías que se expresaban a través del teatro, el festival se transformó enseguida en referencia de teatro comunitario para toda Latinoamérica. Con el paso del tiempo, fue creciendo, incorporando nuevas instancias bajo el alero de Entepola. Se convirtió en fundación en 2013 y hoy forma parte de un proyecto con tres programas de intervención social: Festival Internacional de Teatro Comunitario, Escuela Latinoamericana de Teatro Popular (Elatep) y Seminario de Pedagogía Teatral y Acción Social.

Su misión es “potenciar y mantener el movimiento artístico comunitario, utilizando el teatro como herramienta de formación y transformación en el ámbito social, educacional y cultural”. Crear un protagonismo social real y vital de las comunidades que no tienen acceso a los bienes y servicios culturales son los preceptos del proyecto, que desde el año 2000 se realiza de forma continua en la comuna de Pudahuel, en la región metropolitana de Santiago.

“Hace 10 años entramos en un proceso que apunta a contar con un espacio que contenga y aglutine esta experiencia formativa con una metodología basada en nuestra propia experiencia y conocimiento de trabajo teatral comunitario”, dice David Musa Ureta, creador y presidente de la Fundación Entepola y director general del Festival Internacional de Teatro Comunitario.

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El director David Musa, a la izquierda en la foto, es también uno de los actores de la compañia teatral Entepola. Foto: César Gonzáles Aliaga

Escuela

Antes de la creación de la escuela, se realizaban talleres dirigidos a diferentes grupos etáreos, con mayor presencia de mujeres adultas y grupos de jóvenes. Transformados en grupos de teatro, realizaban sus obras de creación colectiva y inspiraban el surgimiento de una experiencia formativa inserta en la comunidad, transversal e inclusiva, para los vecinos de Pudahuel y otras comunas de la región metropolitana.

Los talleres de artes escénicas que se realizan en Elatep usan el juego lúdico y expresivo para lograr un trabajo armónico y creativo, en donde se desarrollan temáticas, opiniones y críticas, que se comparten en un espacio de conversación y luego pasan para un espacio escénico. El objetivo es que tengan libertad para crear, para expresarse, y que se sientan libres de jugar. A través de la participación colectiva, descubren sus propias capacidades, respetando las de los demás, para potenciar el trabajo colectivo y comunitario.

El concepto que ellos promueven es que el teatro es una herramienta que logra abrir puertas hacia un cambio de paradigma donde se puede aportar de una manera transversal a la mejora del entorno. Llevando el arte a quienes no tienen acceso, además de crear espectáculos de calidad, buscan presentar/provocar profundos cambios sociales.

La Escuela Latinoamericana de Teatro Popular (Elatep) comenzó con talleres de teatro comunitario, y luego se sumaron actividades complementarias de reflexión, intercambio y análisis crítico, sobre la práctica y filosofía del teatro comunitario (tales como el Seminario de Pedagogía Teatral y Acción Social y el Seminario de Pedagogía de la Esperanza Radical: Teatro y Comunidad, ambos inspirados en los pensamientos de Paulo Freire, pedagogo brasileño), y sobre metodología de Augusto Boal, creador del teatro del oprimido. Estos seminarios buscan activar la esperanza desde la raíz y visionar cómo ser parte del cambio social, desde las comunidades o territorios.

Durante el Festival Entepola se realizan el “Populteatro”, un espacio de intercambio y exposición de experiencias relevantes artísticas comunitarias de América Latina y de otros continentes, y el “Desmontaje”, un espacio donde se comparten diversos procesos de creación, formación y gestión de las compañías.

“Todas nuestras actividades están dirigidas a artistas, líderes o educadores comunitarios, profesionales que estén sensibilizados con esta herramienta teatral o personas que trabajen en espacios de vulnerabilidad”, resalta David Musa Ureta.

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Convenios

Entepola transmite el sentido de cercanía, de hermandad. Y con el paso del tiempo se va ramificando en América Latina. Algunos encuentros con las formas y objetivos de la iniciativa nacida en Chile se replicaron en países como Brasil, Ecuador, Puerto Rico y Perú. En 2014 se firmaron convenios con Argentina y México para la exportación del modelo de proyecto del Festival Internacional de Teatro Comunitario. Esos convenios dan al festival, como dice David Musa, “solidez y sobre todo dignidad a su realización”.

Los Entepola se van creando como cadenas y en cada espacio el proyecto gana características propias, conforme las necesidades y costumbres locales. Su versión argentina se da en la ciudad de Jujuy, en el noroeste del país. En México, en la ciudad de Aguascalientes se realizó entre el 21 y el 27 de agosto el segundo Encuentro de Teatro Popular Latinoamericano, en donde se presentaron 33 montajes de seis países.

Los festivales y encuentros que se realizan fuera de Chile cuentan con el asesoramiento de David Musa en la coordinación. Director, productor, profesor y gestor cultural, Musa también es uno de los actores de la compañía teatral de la Fundación Entepola (los otros integrantes son Rubi Figueroa e Enri Díaz). Además de trabajar en el rescate de la dramaturgia latinoamericana y hacer giras teatrales por Chile, Latinoamérica y Europa, David Musa realiza seminarios, charlas y talleres de teatro.

En Chile, el veraniego Festival Internacional de Teatro Comunitario ya tuvo 29 versiones. Un promedio de 25 compañías nacionales y extranjeras, representativas de las más diversas tendencias del teatro comunitario, participa anualmente del evento que se desarrolla en enero y febrero en la región metropolitana y cuarta región. El programa integra actividades de interacción entre la comunidad y las compañías, como itinerancias, talleres, charlas, ponencias (intercambio de experiencias entre grupos nacionales e internacionales) para compartir y empoderar a las personas que “los protagonistas somos todos”.

Tres preguntas a David Musa Ureta

1. Entepola nació en un período difícil de la historia chilena, marcado por la dictadura. ¿El teatro sirvió como herramienta para llegar a las personas, a decirle a la gente que ellos podían se expresar, podían ser protagonistas?

Nace en las postrimerías de la dictadura. Es un país que padece una enfermedad social y está culturalmente atomizado. El proyecto apunta a restablecer el tejido social, utilizando el teatro como pretexto y a la vez como una herramienta poderosa y efectiva, a través de sus generosas técnicas, permitiendo a las personas que se comuniquen, se expresen, se relacionen, apuntando a un espíritu crítico y reflexivo que los haga conscientes y protagonistas de sus procesos individuales y colectivos.

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2. La idea de conectarse con las organizaciones, con el espacio comunitario, viene desde el comienzo de Entepola, ¿no? ¿En qué momento sintieron necesidad de crear una escuela?

La idea e impulso de crear redes, asociarse con otras organizaciones, se convierten en una acción natural y vital, para poder mantener, crear fuertes y creativos vínculos para avanzar, proyectar caminos críticos y constructivos de democratización de los espacios ganados. La formación es parte de la iniciativa, pues entendemos que el acceso a los bienes y servicios culturales es una forma de luchar contra las desigualdades sociales.

3. Ustedes tienen más de 30 años de historia en Chile y son fuente de inspiración para otros proyectos en Latinoamérica. ¿Siempre hubo el intento de integración, de conexión con otros países?

El sentido profundamente latinoamericanista del proyecto es parte de un ideario político, pues como pueblos nos hemos visto históricamente atropellados por sectores dominantes y opresivos que han atentado a los derechos humanos. Esta iniciativa no está ausente y es sensible a estos aspectos de la vida de los pueblos latinoamericanos.

(*)Festival Entepola cuenta con el apoyo de la Municipalidad de Pudahuel, Corporación Municipal de Desarrollo Social de Pudahuel, I. Municipalidad de Salamanca, Colectivo Sustento, Corporación Teatro Bus de Quinta Bella-Recoleta, Compañía El Trineo, Réplika Teatro, Teatro Perro Muerto, Compañía Gato en la Espalda, Traperos de Emaus de Pudahuel, Centro Juvenil Chigol de Cerro Navia, ONG Raíces de Pudahuel, Colectivo Deskalirrados de Pedro Aguirre Cerda, Elatep Escuela Latinoamericana de Teatro Popular, Sidarte Sindicato de Actores y Actrices de Chile, Red Cultura CNCA, Equipo Ejecutor de Entepola (compuesto por más de 50 voluntarios), así como también las compañías de teatro nacionales y extranjeras participantes.

(*Texto publicado el 22 de septiembre de 2015)

Sepa más:

www.fundacionentepola.org

https://www.facebook.com/Fundacion.entepola.chile