Image Image Image Image Image
/ /
Scroll to Top

Para o Topo.E

Notícias

21

Jun
2017

EnNotícias

Fresia Camacho: “Nuestras expresiones culturales se parecen a un bosque biodiverso, el humus efervescente”

En21, Jun 2017 | EnNotícias |

Texto y fotos: Comunicación Dirección de Cultura MCJ-CR

Desde hace tres años, Fresia Camacho está a la cabeza de la Dirección de Cultura (DC) del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) de Costa Rica y al hablar sobre la labor de la instancia dedicada a la gestión, fomento y acompañamiento a las organizaciones culturales comunitarias, utiliza la metáfora de que la cultura es como un bosque diverso.

“Nuestras expresiones culturales se parecen a un bosque biodiverso: la diferencia entre un monocultivo y un bosque diverso está en el tejido de la vida; el bosque biodiverso se manifiesta desde lo que está en la tierra, el humus efervescente pero que ni se ve que está, pero está y con solo una lupa se pueden ver los bichitos trabajando y después las plantas más grandes y más grandes y los árboles y todos están como en esa convivencia muy voluptuosa, la cultural es igual”, expresó la funcionaria.

Para Camacho, la vivencia cultural de las comunidades es efervescente, con capacidad de regeneración. Y si te acercás, podés identificar las historias de quiénes son sus actores con y cuáles son los valores que se están cuidando como la solidaridad, el cuido de la vida en todas sus manifestaciones y el cultivo de los vínculos.

“Ahora hay tantos colectivos que hacen cosas en los espacios públicos, caminatas, cleteadas, a las orillas de los ríos, ferias, festivales. Lo que prima es la fiesta de la cultura, por eso hay que reconocer la importancia del encuentro. Hay que estimular esa corriente”, continuó Camacho.

¿Cuál es la línea política en la cual se inserta la labor de la Dirección de Cultura?

Cuando entré a la Dirección de Cultura venía trabajando con las organizaciones culturales, especialmente con el movimiento Cultura Viva Comunitaria y en una época muy dinámica porque fueron los años de la elaboración de la política (de derechos culturales) que fue participativa y otras organizaciones que se tomaron muy en serio el tema de participar en esa elaboración. Hubo muchos espacios de reflexión además conectados a nivel continental con gestores como el brasileño Celio Turino y el colombiano Jorge Melguizo, que habían tenido al frente políticas públicas que trabajaron con las comunidades. Fue muy rica esa fase de discusión. Hubo encuentros nacionales e internacionales, charlas, conversaciones, fue elaborándose una agenda continental que emerge en cada espacio de reflexión.

¿Cuáles son los aspectos de esa agenda?

Uno tiene que ver con reconocimiento y visibilidad de las iniciativas culturales comunitarias organizadas. Porque las políticas culturales habían considerado, hasta muy recientemente, al Estado como hacedor de cultura y como el que lleva la cultura a las comunidades. Y estaba bastante invisibilizado el hecho de que en las comunidades hay iniciativas culturales que están dinamizando la cultura de abajo hacia arriba. Eso se traduce en mapeos, inventarios de todos esos sujetos culturales activos, que están conscientemente trabajando en procesos e iniciativos culturales. El segundo tema son los recursos, con la ausencia de estímulos por parte del Estado para ese tipo de iniciativas, porque las grandes inversiones se hacían en otros campos y además, en el caso de Costa Rica, una inversión muy concentrada en la Gran Área Metropolitana y una falta de inversión en el resto del territorio. En todos esos procesos que existen a pesar de o por la misma ausencia del Estado se da que la gente se autorganiza para hacer sus cosas cuando el Estado no está presente, surgen otras maneras de resolver las necesidades.

¿El Estado debe acuerpar estas iniciativas?

Yo hice un diagnóstico hace unos diez años, y la gente decía: “trabajamos con las uñas y pareciera como si no existiéramos, como si fuéramos invisibles para la política pública”. El tema de los estímulos, de los recursos, de los procedimientos entrabados para poder hacer las cosas, es decir, que el Estado dialoga consigo mismo en términos de ordenar su funcionamiento de una manera que muchas veces es ajena y no sensible a las dinámicas culturales de las comunidades: hacer los trámites, sacar los permisos se convierte en una odisea. El tema de la simplificación de trámites era otro desafío muy grande. También el tema de la formación: las organizaciones están trabajando, hacen las cosas por pasión, por amor a la comunidad, pero necesitan formación para tener mejores herramientas, espacios de gestión del conocimiento e intercambio de experiencias, porque es vital ese crecimiento del trabajo a partir de estar mejor preparados para encararlo. El otro tema es el de las municipalidades que habían sido muy sordas a esas demandas y necesidades y cuando se establecía una política cultural en una municipalidad no se hacía de manera participativa, sino que se hacía en una oficina que muchas veces se dedicaba a la producción de eventos y otra vez se invisibilizaba ese tejido cultural organizado. Además el tema de redes, de la importancia del trabajo colaborativo, del trabajo en red, de la importancia de establecer vínculos, de trabajar en alianzas, de manera conjunta, de romper esas sorderas, esos aislamientos de los diferentes sectores en función de objetivos que son comunes. También está el tema de economía y cultura, de los emprendedores, de la gente que quiere vivir como gestor cultural o con su emprendimiento cultural pero no encuentra la manera de articularlo para tener una vida digna desde ahí. Llámese los artistas, los gestores de iniciativas culturales de diferentes tipos desde la comunidad.

¿Estas dimensiones se convierten en una guía integral para el trabajo de la Dirección de Cultura?

Una de las primeras cosas que para mí fue clara, en términos de la vida de las comunidades y sus organizaciones en el campo cultural, es que no sirve mucho segmentar, hacer políticas separadas, tener ofertas muy diferenciadas para la comunidad porque en las comunidades los procesos son holísticos, están conectados. No sirve mucho compartimentar en solo para patrimonio inmaterial, solo para los museos, solo para gestión de procesos de convivencia y paz, entre otros, porque las organizaciones culturales comunitarias lo que hacen es ir hilvanando esos elementos. Son visiones integradoras y que además están en transformación, no son estáticas ni rígidas. El Estado tiende a poner todo en cajas, ordenado como en grandes estancos pero en la vida de la comunidad, la vivencia de la cultura se va tejiendo en las diferentes dimensiones. Lo que convenía era estructurar unas propuestas que atiendan esa realidad rica y compleja tal cual es. En la medida que ellos logran comprender el tema de la interculturalidad y las riquezas culturales que existen en su entorno, empiezan de manera muy creativa a ir tejiendo estrategias. Es muy importante la reflexión y la formación, porque muchas iniciativas culturales como las casas de la cultura, están hechas a la vieja usanza, con el viejo modelo. El rol del Estado es enriquecer la mente, las prácticas y los quehaceres, el diálogo con los protagonistas, los actores clave; es acompañar, identificar, reconocer, visibilizar, estimular a esos actores claves porque cuando el Estado se sale, quien queda trabajando en la comunidad es la propia organización comunitaria.

¿El Estado debe salirse?

Claro, porque la labor del Estado es de acompañamiento, de asesoría, de fortalecimiento de capacidades y visibilización porque es lo que requieren las organizaciones para hacer mejor su trabajo. Es muy interesante que las declaratorias de interés cultural, por ejemplo, a pesar de que no tienen asociado un beneficio concreto, en sí misma son simbólicas y son apetecidas por muchos grupos porque son una llave que abre muchas puertas.

¿Cómo plantea la Dirección de Cultura el abordaje práctico de esos ejes?

La Dirección de Cultura se pregunta cuál es su rol en las comunidades, porque contamos con recursos humanos y económicos escasos. En dónde nos ponemos en ese árbol de la diversidad, ¿me pongo en las ramas donde está un gestor, una expresión, un portador de tradición o en las ramas más gruesas donde hay un conjunto de instituciones y organizaciones, empresas que pueden aportar en el fortalecimiento de ese tejido? Ese ha sido un cambio en el enfoque que ha permitido que pongamos mayor atención a lo ver lo que existe en las regiones y cómo nos acompañamos. ¿Cuáles son esos otros pares que están trabajando fortaleciendo esas manifestaciones culturales y cómo apoyamos a esos protagonistas de manera articulada, en alianza, en un tejido más sólido? Esto coincide con las nuevas leyes del Ministerio de Planificación (Mideplan), del Instituto de Desarrollo Rural (INDER), donde se habla de los territorios y de los consejos de territorios. Nos reconocemos como un actor clave en ese tejido. Ha habido un cambio suave, porque estamos hablando de personas que ya vienen haciendo un trabajo comprometido y con cariño. El enfoque es tener mayor influencia y presencia a pesar de tener recursos escasos, como por ejemplo, al crear el fondo Puntos de Cultura que nos permite hacer una inyección muy fuerte a organizaciones socioculturales, mapearlas, porque es una diversidad enorme de iniciativas. La idea del fondo no es solo que sea un estímulo económico sino crear una red, eso es lo más importante, que permite establecer ese vínculo entre todas esas organizaciones y de alguna manera acreditarlas como motores culturales importantes; es decir, reconocer su protagonismo, propiciar la conexión y el trabajo en red, e identificar recursos y otros valores agregamos para potenciar su trabajo. Esa es una fuerza vital impresionante que está en todo el país. Es muy importante en términos de la política de derechos culturales porque contribuye de manera central a la desconcentración.
También le inyectamos recursos a Becas Taller, porque Puntos de Cultura excluye a organizaciones que no tienen personería jurídica, entonces estas becas son un excelente complemento porque son para personas o colectivos, que no importa si no tiene personería jurídica. Además procuramos que los gestores culturales de las regiones tengan mejores recursos, entonces estamos integrando los equipos regionales, casas de cultura, los centros cívicos para la Paz y este año estamos logrando que todos se vean como un mismo equipo. Sabíamos que teníamos que hacer para vencer esa sensación de soledad que tenían los compañeros en el territorio.

Esta posibilidad de encauzar estos procesos, ¿cómo hacer para que no se burocraticen, sino que sean un círculo virtuoso?

Hay gente que piensa que la autosostenibilidad es jugársela sola con mis propios recursos, pero yo no estoy de acuerdo con eso. Cuando uno ve organizaciones autosostenibles tienen muy clara su visión, el sueño que quieren construir y han logrado conformar un equipo de trabajo para luchar juntos por ese sueño; que además está conectado con las necesidades de una comunidad, es pertinente para la vida de una comunidad, de una región y es capaz de identificar las posibles fuentes de recursos e ir tejiendo eso para lograr ese sueño. Lo que pasaba históricamente y todavía pasa es que las instituciones llegaban con sus propias ofertas y las comunidades no tenían tan precisas sus visiones y unas señoras que querían hacer cerámica terminaban aprendiendo a hacer pan.

Responde a una demanda de las mismas comunidades, es orgánico…

Te pongo otro ejemplo: La Peña de San Ramón ha sido autosostenible toda la vida; ahora tiene un Punto de Cultura, en algún momento la Universidad daba recursos, los vecinos, el comercio del centro de la ciudad…La Peña empezó con un espacio de expresión artística, como una velada cultural, ahora tiene feria de emprendedores, espacios para juego, cine comunitario y se va transformando permanentemente. La iniciativa Pausa Urbana es otro ejemplo muy lindo. ¿Qué es lo que permite que ellos no se endurezcan? Que tienen muy claros sus sueños, que siguen defendiéndolos, pero el hecho de que ellos se logren armar con el programa de formación, de herramientas, con acceso a recursos, va a hacer que quieran hacer Pausa Urbana en otros parques, en otras ciudades o que Pausa Urbana ya no solo sea un espacio cultural sino una feria, incluso se transforman en proyectos que desde la institucionalidad es inimaginable.

En este mismo sentido, ¿cómo ha ido cambiando la visión de Premios Nacionales?

Está conectado con esta gran discusión de la política pública; en el caso de Premios Nacionales también fue impactado por esas reflexiones, porque la nueva ley lo que hace es democratizar el estímulo. Por un lado la conformación de los jurados, porque el hecho de que diferentes instancias deleguen personas hace que la visión de los jurados sean mucho más amplia e imprevisible de lo que era antes; por el otro, nacieron premios que no existían: gestión cultural e investigación cultural, que vienen a legitimar la importancia de los procesos socioculturales, que es el enfoque del trabajo de la Dirección de Cultura. Lo interesante con la cultura comunitaria es que tienen una visión muy global de cultura que tiene que ver con el bien común, con valores de solidaridad, de cuido, de la naturaleza, de convivencia. Lideran el ejercicio de los derechos culturales de poner la vida en el centro. Estamos cambiando el paradigma.

¿La gente reconoce esos cambios pero es lento?

Es que requiere que la ciudadanía tenga un mayor compromiso, entonces es algo que nos va a llevar tiempo. Pero nosotros decidimos abrir el espacio y gestionar para que la gente participe, ahora hay que andar promoviendo la integración de los jurados de premios nacionales de cultura, pero dentro de unos años la gente va a estar acostumbrada a integrar estas instancias y se va a sentir comprometida e identificada con esos procesos.

¿La Dirección de Cultura se ha propuesto acompañar a sectores vulnerables, en concordancia con lo establecido por la política cultural?

Totalmente. Ese fue el énfasis en el Plan Nacional de Desarrollo. Nosotros nos pusimos metas que tengan que ver con poblaciones que requieran especial atención. El trabajo con comunidades indígenas ya se venía haciendo, pero visibilizamos ese aporte, con comunidades vulnerables, que lo ligamos a lo urbano, y cantones prioritarios que tienen el índice de desarrollo más bajo. Dar acompañamiento a adultos mayores, comunidades indígenas, personas con discapacidad, mujeres, a poblaciones y territorios que han sido excluídos. Esta debe ser la prioridad de la política cultural.

¿Cuáles son los desafíos de la Dirección de Cultura?

Hay desafíos que trascienden a la Dirección de Cultura, que tienen que ver con cómo las instituciones pertinentes se hacen cargo de esas agendas. La Dirección de Cultura sigue siendo el programa más chiquito del Ministerio -a pesar de que ha crecido en recursos- pues la inversión está puesta en otras instancias. Es un desafío del Ministerio, y no solo del Ministerio, de la institucionalidad. Por ejemplo, en el campo de la educación, el MEP debe liderar los procesos de educación y cultura con el acompañamiento del Ministerio de Cultura, y ya hay pasos que se están dando en esta dirección. Otro de los factores que se detectó en el proceso de elaboración de la política es el tema de la desarticulación entre las instancias del ministerio, entonces en la medida que logremos articular mejor va a poder ser mejor atendida esa agenda. Como dice la ministra, el  trabajo conjunto es el leitmotiv de esta época, la sinergia, las relaciones colaborativas y el trabajo conjunto con la sociedad civil, romper las barreras, y que todas las personas todos los que estamos interesadas en los mismos objetivos, trabajemos juntas para lograrlo. Esa es la herramienta más poderosa que podamos tener.

 

Tags |