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16

Dic
2021

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GT de Sistematización se reúne para discutir una ruta para 2022 y redefinir las comisiones de trabajo

Em 16, Dic 2021 | Em Noticias |

El Grupo de Trabajo sobre Sistematización y Difusión de Prácticas y Metodologías de las Políticas Culturales de Base Comunitaria (GT de Sistematización) del programa IberCultura Viva se reunió el jueves 9 de diciembre para discutir una ruta para el próximo año. Además de debatir algunas propuestas que habían sido presentadas previamente al encuentro, como el armado de un seminario permanente y de un repositorio o revista digital, el grupo propuso algunas reflexiones más y acabó redefiniendo los equipos de trabajo para 2022. 

El GT de Sistematización cuenta con 59 integrantes provenientes de 10 países. Estas personas, que fueron seleccionadas por convocatoria pública, se distribuyeron inicialmente en tres comisiones: “Marcos teóricos de las políticas culturales de base comunitaria”, «Políticas públicas y gobernanza cultural» y «Trabajo territorial y organizaciones culturales comunitarias». Estos grupos fueron propuestos por la Unidad Técnica de IberCultura Viva como una forma de organizar los trabajos, pero su ordenamiento cambia a partir de este mes, de acuerdo a las observaciones hechas durante la reunión. Participaron en este encuentro por videoconferencia 37 personas, entre integrantes del GT, el equipo de la Unidad Técnica, representantes de la presidencia y de la vicepresidencia del programa. 

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Una primera sistematización

En el comienzo de la reunión, Elena Román, profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (donde coordina el Observatorio de Políticas Culturales), presentó un mapa conceptual que elaboró a partir de la revisión de los videos de las sesiones anteriores del GT. Para proponer un ejercicio de ruta, ella intentó hacer visual lo que se planteó en los tres espacios de trabajo que realizaron las comisiones en octubre y noviembre, y que tiene que ver con cómo se van interrelacionando cada uno de los equipos. 

En la sesión inaugural del Grupo 1 (“Marcos teóricos”), por ejemplo, la investigadora observó que salieron más bien elementos vinculados a las políticas culturales y el trabajo territorial, y poco se enunció de conceptos en concreto, lo que la hizo pensar en otras posibilidades, como el establecimiento de áreas de vinculación. “Podemos establecer algunos vínculos entre el grupo 1 y el grupo 2, eso generaría otro espacio de trabajo, que permitiera trabajar en procesos de diferenciación e integración. Lo mismo podemos ver con el grupo 3 y el grupo 1, y el grupo 2 con el grupo 3”, sugirió. 

Según Elena Román, en los videos hay un elemento de expectativa y deseo que se vincula a esto: que se hagan evidentes las narrativas, las experiencias, las prácticas de las organizaciones comunitarias. “Este es un elemento importante que tenemos que tomar en cuenta en las decisiones para sí establecer algunos momentos, varios espacios, primero el trabajo diferenciado, después el trabajo interrelacionado”, afirmó.

Por otro lado, algo que quedó explícito en los tres grupos es que muchos de los y las participantes dejaron claro por qué estaban ahí y hubo narrativas a respecto de que se están haciendo investigaciones o que se están produciendo proyectos. Para ella, estas investigaciones y/o proyectos pueden ser insumos de la ruta, y sería interesante tratar de potenciar lo que se está generando en cada uno de estos espacios. 

Además de la producción, la investigadora propuso que se tomen en cuenta posicionamientos, perfiles y contextos. ”Al interior de los grupos podría ser muy nutritivo, en términos de experiencia, algo muy potente, porque hay muchos que trabajan en organizaciones comunitarias y que están aquí justo por este ejercicio, y en términos de ponderación serán voces importantes”, comentó, resaltando que en el GT también hay quienes forman parte de la academia, y quienes son parte de instituciones públicas, tomando decisiones, y al mismo tiempo se vinculan con organizaciones.

 “Lo que nos integra es una necesidad de que estas experiencias, prácticas, narrativas y voces con respecto a los objetivos que visualicemos sean de las organizaciones culturales de base comunitaria”, destacó Elena, que considera legítimas las expectativas y propuestas que se han hecho, pero se preocupa con cómo hacer factible el trabajo con los tiempos y posibilidades de participación que se tienen. “Sería bueno que en esta ruta tomemos postura respecto a los tiempos y en términos prácticos y operativos”, recomendó.  

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Una guía de autoevaluación

Terminada la presentación de Elena Román, otro mexicano, Rafael Paredes Salas, consultor en derechos culturales y presidente de la asociación Traza Social, vinculado a la Universidad Iberoamericana de Puebla, comentó que el viernes 10 de diciembre se presentaría el ejercicio de autoevaluación de las políticas culturales de base comunitaria de la ciudad de Xalapa, una de las municipalidades integrantes de la Red IberCultura Viva de Ciudades y Gobiernos Locales. A él le tocó acompañar también la implementación de esta guía en la ciudad de Zapopan hace un par de años.

La “Guía de autoevaluación de políticas culturales de base comunitaria” diseñada por Rafael Paredes es resultado del proyecto de investigación “Evaluación y fortalecimiento de las políticas culturales de base comunitaria en el Espacio Iberoamericano” y busca servir como herramienta útil y accesible para gobiernos locales y regionales con interés en hacer una revisión de sus acciones y construir una agenda participativa, colaborativa e intersectorial. 

“La guía tiene fortalezas, pero algunas debilidades. Una de las debilidades es que entra a fuerza los conceptos que el Movimiento de Cultura Viva Comunitaria ha estado utilizando, y entra muy a fuerza el diálogo con la Agenda 21 de la Cultura, que es la base de la guía. Siento que hay algunos conceptos que la guía no contempla, o sí los contempla, pero como una explicación adicional. Por otro lado, es muy extensa. Creo que una nueva versión de la guía más adecuada sería más corta, con algunos items reformulados para que vengan en un lenguaje más adecuado, con conceptos más adecuados a lo que se trabaja a nivel territorial, y que sea más explicativa”, señaló.

Además de compartir el sitio web para que las personas participantes del GT pudieran conocer este instrumento, Rafael Paredes mencionó la posibilidad de el grupo sumarse a Mondiacult a través de un pre-encuentro. (En 1982, México fue sede de Mondiacult, la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales. El próximo año se cumplirán cuatro décadas de aquella conferencia y México será anfitrión de la segunda edición de Mondiacult.) La UNESCO está convocando a realizar pre-encuentros de Mondiacult bajo el esquema de Resiliart, que son los diálogos que se empezaron a hacer a partir de la pandemia para reflexionar sobre las diferentes problemáticas que está atravesando el sector cultural.

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Una base conceptual

En representación del Observatório da Diversidade Cultural, grupo de investigación vinculado a la Universidade Estadual de Minas Gerais y la Universidade Federal da Bahia (Brasil) que cuenta con nueve integrantes en el GT de Sistematización, la gestora e investigadora Giselle Dupin comentó que para ellos la división en tres grupos de trabajo no les pareció muy productiva. “En el primer grupo, para la discusión de los conceptos, por ejemplo, a nosotros nos parece que sería interesante la participación de todos. Para que los otros puedan seguir hay que saber primero los conceptos”, afirmó la investigadora brasileña, que también había propuesto el establecimiento de indicadores como una cuestión de metodología para que las experiencias puedan ser comparables.

Quien también se sumó a la sugerencia del Observatorio de se tener una base conceptual que les permita seguir adelante, si posible con una participación más amplia en el primer espacio de trabajo, fue el colombiano Nicolás Lozano, politólogo vinculado al Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de la ciudad de Bogotá que ha trabajado en temas de interculturalidad, acceso de los ciudadanos a los derechos culturales, patrimonio material e inmaterial, memoria cultural, sistemas de la participación cultural, y la aplicación de mecanismos de cooperación cultural entre países, organizaciones multilaterales, ONGs y comunidades.

Para Nicolás, sería interesante pensar en mecanismos de comunicación que puedan existir entre los tres grupos de trabajo, a nivel interno, pero sobre todo en lo conceptual, “como se entiende la articulación entre los procesos comunitarios y la academia, entre los procesos comunitarios y la institucionalidad, cómo se transfiere conocimientos entre la academia y la institucionalidad, cómo llegan a incidir estas reflexiones académicas en la generación de políticas públicas institucionales, y como los procesos comunitarios también inciden en el pensamiento académico”.

El otro tema abordado por el politólogo, en términos más territoriales y de intercambio de procesos, es cómo viajan las políticas culturales. “Estamos hablando en un contexto latinoamericano y es muy interesante mirar cómo se da esa difusión o ese espacio de transmisión y apropiación de políticas culturales en distintos niveles, entre instituciones, entre comunidades. El trabajo en red ha hecho que esa información pueda circular mucho más rápidamente que si hablamos de otras experiencias en la cultura y las artes”, afirmó.

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Una propuesta de seminario

La argentina Rosario Lucesole, que fue consultora de proyectos de IberCultura Viva hasta el primer semestre de este año, participa en el GT de Sistematización como maestranda en Estudios Culturales en América Latina por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y prosecretaria de Vinculación Comunitaria y Bienestar Universitario en el Área Transdepartamental de Formación Docente de la Universidad Nacional de las Artes.

En su intervención, Rosario dijo coincidir con lo que decía Giselle Dupin, que quizá la división por tema no es la mejor para el tipo de proceso que se quiere llevar adelante. “Para mí hay dos tipos de tareas que estamos imaginando: una que tiene que ver con configurar un marco teórico que todos conozcamos y que a la vez también acordemos, y por otro lado el camino de la sistematización, que como bien decían las compañeras, requiere una metodología consensuada”, opinó.

Para el campo de la sistematización, ella propuso imaginar un taller donde quienes ya tienen más experiencia en esto puedan compartir algunas de las metodologías que consideran más valiosas y más necesarias para este tipo de tareas, y después sí poder definir entre todos un corpus. Con relación al marco teórico, su propuesta es la de un seminario permanente que les permita poner en discusión los conceptos que cada uno y cada una vienen trabajando, abordando distintos temas desde distintos enfoques.

A la idea de elaboración de seminarios (un por mes a partir de febrero o marzo) propuesta por Rosario se sumaron algunos aportes de conceptos que podrían ser abordados, como por ejemplo: cultura comunitaria, políticas públicas y cultura comunitaria, buen vivir, cultura colaborativa, memorias y museos comunitarios, gobernanza cultural comunitaria, economía social, inclusión digital, género, diversidad y cultura comunitaria, educación y cultura comunitaria, infancias y juventudes.

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Algunos aportes colectivos

En el documento que se había compartido antes de la reunión también se propuso -como un trabajo previo al armado de seminarios- la creación de un repositorio de trabajos que aborden estos temas. La idea es que la enumeración de temas esbozados podrían servir como líneas para ir agrupando estos trabajos, a la vez que les permitirían pensar en subgrupos para armar los seminarios según los temas que trabajan más cada uno y cada una. Esta tarea previa les permitiría a las personas participantes organizarse para trabajar según pertinencias de investigación y con lecturas comunes en función del aporte colectivo. 

Al comentar las propuestas presentadas, el secretario técnico de IberCultura Viva, Emiliano Fuentes Firmani, comentó una cuestión relevada por Elena Román, respecto a las expectativas para quienes desarrollan trabajo de investigación, tanto en el estímulo para el desarrollo de investigaciones como en la difusión de esas investigaciones. “La propuesta de una revista digital o de algún tipo de publicación específica, la idea del repositorio y demás me parece que contribuye a esa acumulación de conocimientos construidos del campo académico y la necesidad de fortalecerlo y de potenciarlo”, resaltó.

Sobre la discusión acerca de la vinculación o el intercambio de saberes entre lo que se viene produciendo en el seno de las organizaciones y de lo que se produce académicamente, Emiliano mencionó la posibilidad de una tarea de estructuración de mecanismos, de eventos, de espacios de trabajo. “Es interesante pensar un encuentro de intercambio de saberes, o de diálogo de saberes, impulsado por este grupo de trabajo que invite también a las organizaciones a participar”, sugirió.

El establecimiento de un sistema de información, según él, es otro espacio de trabajo que parece ser una línea de acción concreta. ”¿Cuáles son los principios metodológicos que vamos a compartir para establecer el sistema de información? ¿Cuáles son las categorías que vamos a relevar? Todo eso es un trabajo específico y que podría concretarse también a través de responsabilidades, por eso yo hablo de comisiones”, comentó.

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Las comisiones de trabajo

Respecto a la conformación inicial de las tres comisiones, el secretario técnico dijo que se cambiará el ordenamiento del GT, ya que las comisiones temáticas no les parecen operativas a la hora de pensar en el trabajo. “La idea de las comisiones no es que sean estancas, es que haya responsables, pero que todos podamos participar y todos podamos contribuir en cada una de las propuestas que se organizan”, explicó. “Si vamos a trabajar con el tema de difusión y fomento de investigación, ¿quiénes van a responsabilizarse por que eso se mueva? No se va a mover sólo, se va a mover con los aportes de todos y todas”. 

En concreto, lo que Emiliano les propuso fue que algunas personas podrían comenzar a trabajar en el proceso de estímulo y difusión de las investigaciones, y eso incluiría el armado del repositorio, pensar la publicación, tratar de presupuestar, tratar de plantear los tiempos… Otro grupo podría trabajar en lo de sistematización, pensando también en el vínculo de diálogo de saberes posible con lo que se viene produciendo en el campo, más específicamente con el sector comunitario, sin recorte particular temático, sectorial; las organizaciones culturales que vienen trabajando y reflexionando, cómo hacemos que eso se vincule y cómo construimos a partir de eventos. 

“Podrán ser círculos de la palabra, si queremos tomar la denominación que el movimiento viene manejando; otros espacios de laboratorio que se puedan trazar en el año con una agenda de encuentros, tal vez pensando en que el corolario de ese proceso pueda ser en el marco del Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, pensando también qué recursos serían necesarios para eso”, señaló. 

El tercer grupo de trabajo sería para el sistema de información, básicamente. “Descontando el seminario, que sería transversal a todos esos trabajos, y que tal vez lo que podríamos hacer es afinar un poco más las propuestas temáticas y empezar a proponernos dentro de estas propuestas quiénes podrían preparar para la discusión desde determinadas bibliografías o determinadas líneas de pensamiento”, comentó.

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Un punto de partida

La primera persona que se ofreció para coordinar una de las tareas, el tema de los seminarios y el armado de repositorios de trabajos, fue Clarisa Fernández, investigadora y docente argentina que hace siete años trabaja sobre la temática del teatro comunitario, y los últimos tres años ha comenzado a trabajar con cuestiones vinculadas a las políticas públicas culturales, en su relación con organizaciones culturales comunitarias, en su trabajo con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET/ Universidad Nacional de La Plata). 

“Como decía Elena, podemos partir de lo que ya está hecho, y a partir de eso ver qué trabajos conceptuales ya se han hecho en función de estas líneas temáticas. Eso nos va a ayudar a nuclearnos para la preparación de este seminario permanente. Quiénes vienen trabajando con el concepto de políticas culturales comunitarias, quiénes vienen trabajando con salud, con determinados temas, y a partir de ésta organización poder ir armando sus grupos para avanzar en lo que es el armado de los seminarios”, afirmó Clarisa.

Rocío Orozco, gestora cultural comunitaria, vinculada a la organización CulturAula y la Universidad Jesuita de Guadalajara ITESO (México), es quien va a empezar a coordinar a quienes quieran sumarse para pensar las estrategias de articulación con el diálogo de saberes del sector comunitario con esta sistematización, con este proceso, y cuál podría ser la ruta para este trabajo conjunto. La coordinación del tercer grupo de trabajo, que se ocupará del sistema de información, quedó a cargo de Elena Román.

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Unos pasos firmes

Al final de la reunión, Diego Benhabib, coordinador del programa Puntos de Cultura de Argentina y representante de la vicepresidencia de IberCultura Viva, celebró el nivel de participación que ha habido en el GT de Sistematización y consideró “muy rico” el proceso de elaboración y el nivel propositivo que han tenido. 

“Es sumamente gratificante trabajar así. La ruta que está proponiendo Emiliano y que vienen trabajando colectivamente es viable, y es algo deseable que tenemos en el Consejo Intergubernamental hace mucho tiempo. Por los inicios del programa el tema del observatorio era un anhelo, un anhelo que estaba ahí lejos, que no sabíamos cómo se iba a desarrollar. Creo que lo que ha hecho este grupo de trabajo es poner claridad a esa ruta y avanzar con paso firme. Un primer paso firme, unos primeros dos pasos firmes para ir en camino de aquello que queremos lograr hace mucho tiempo”, destacó el representante de Argentina en el programa.

Diego Benhabib comentó, además, que hay propuestas de diverso tenor, algunas que tienen que ver más con la operatividad, con las posibilidades concretas de realizar cosas a través de proyectos, iniciativas, pequeñas líneas de trabajo, y hay otras que se piensan en términos más estructurales y de largo plazo. “Creo que apuntar a ambos sentidos, y que ambos sentidos no estén disociados, es lo que nos va a permitir ir en el camino correcto”, subrayó.

El próximo encuentro del GT de Sistematización está previsto para la primera quincena de febrero de 2022. La idea es que Clarisa, Rocío y Elena coordinen las propuestas que se reciban, los aportes y el ordenamiento, y en febrero el GT se pondrá a trabajar sobre el calendario y sobre la concreción de los seminarios.

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