Tres mesas, una jornada intensa y un público comprometido: en la 6.ª Teia Nacional, IberCultura Viva participó en un encuentro que reunió a gobiernos, universidades, organizaciones comunitarias e iniciativas territoriales de Iberoamérica para debatir la educación, los derechos culturales y la investigación como dimensiones inseparables de la Cultura Viva.
La Cultura Viva es, por naturaleza, un territorio colectivo. En el segundo día de la 6.ª Teia Nacional de Pontos de Cultura por la Justicia Climática, realizada en Aracruz (Espírito Santo, Brasil), IberCultura Viva participó en el encuentro “Cultura Viva Educativa: enseñanza, investigación y extensión en la cultura de base comunitaria”, una jornada íntegramente dedicada a aquello que hace singular a este campo: su capacidad de conectar saberes populares y académicos, gestión pública y organización comunitaria, sin establecer jerarquías entre ellos.
La mañana comenzó con una mesa dedicada a las experiencias de articulación entre redes, procesos formativos e iniciativas comunitarias de distintos países iberoamericanos. Para contextualizar la contribución de IberCultura Viva a la formación de gestoras y gestores culturales, Diego Benhabib, consultor de Redes y Formación del Programa, recorrió una trayectoria que ya supera una década:
“Desde hace más de diez años, IberCultura Viva impulsa caminos de creación, registro e intercambio de saberes en políticas culturales de base comunitaria. Esta trayectoria se materializa en el Posgrado en Políticas Culturales de Base Comunitaria, en publicaciones, sistematizaciones, bibliotecas digitales y repositorios, además de iniciativas formativas desarrolladas en diferentes países iberoamericanos.”
Diego destacó además que esta experiencia se amplía a través de la asistencia técnica, los bancos de saberes, IberEntrelazando Experiencias y la Red Educativa y de Gobiernos Locales, conectando comunidades, universidades, administraciones públicas y organizaciones culturales en una dinámica permanente de intercambio.
Red Educativa
La dimensión estratégica de este trabajo fue profundizada por Joe Giménez, quien presentó los cuatro grupos de trabajo de la Red Educativa IberCultura Viva para 2026, orientados a la formación, la investigación, la sistematización y la articulación universitaria. Ciclos de entrevistas, mapeo de ofertas formativas, producción de contenidos y apoyo a proyectos de extensión junto a organizaciones culturales comunitarias conforman el horizonte de acciones. “La propuesta es fortalecer procesos permanentes de intercambio y aprendizaje colectivo entre territorios, universidades y organizaciones de Cultura Viva Comunitaria en toda Iberoamérica”, sintetizó.
Formación que transforma
Uno de los pilares de esta articulación es el Posgrado en Políticas Culturales de Base Comunitaria, desarrollado en alianza con FLACSO Argentina. Franco Rizzi recuperó la trayectoria de esta formación, que llega a su novena cohorte con una propuesta que articula reflexión crítica y práctica territorial:
“El recorrido formativo combina reflexión crítica, práctica territorial y herramientas concretas de gestión cultural. A lo largo de la formación se trabajan desde los procesos culturales contemporáneos hasta estrategias de gestión, planificación y evaluación de políticas públicas orientadas a los territorios y las comunidades. El Posgrado se consolida como un espacio de encuentro entre conocimientos, experiencias y trayectorias diversas.”
Para cerrar la mesa, Alexandre Santini, presidente de la Fundación Casa de Rui Barbosa, situó a la Cultura Viva Comunitaria como un movimiento de largo aliento, resultado de una acumulación histórica que conecta territorios, sociedad civil, investigadores y gestiones públicas en diálogo permanente. Para Santini, la dimensión continental de este proceso no tiene precedentes. «Particularmente, no conozco otro movimiento cultural que haya alcanzado esta dimensión orgánica. Cultura Viva se ha convertido en referencia e inspiración para políticas culturales en toda América Latina: países, ciudades y gobiernos que desarrollan políticas públicas a partir de este paradigma.”
Como ejemplo, destacó al Movimiento Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, que recientemente celebró su séptimo Congreso en Colombia, reuniendo a centenares de representantes de 23 países.“Y todo este contexto se convierte también en un campo de investigación y producción de conocimiento, como vemos aquí con la presencia de universidades y con la existencia del Posgrado de FLACSO, entre otras iniciativas.”
La moderación de Giselle Dupin, coordinadora de Proyectos Especiales de la SCDC/MinC y enlace técnica de IberCultura Viva en Brasil, reafirmó la educación como una práctica territorial, comunitaria y emancipadora, y la cooperación internacional como condición para que metodologías, redes de aprendizaje y políticas culturales construidas desde la participación social puedan ganar escala y continuidad.
Derechos culturales y valorización de maestras y maestros
La segunda mesa partió de una constatación que atraviesa toda la Cultura Viva: los saberes existen, circulan y transforman, pero rara vez son reconocidos por las estructuras formales que definen derechos. Reuniendo a representantes de instituciones públicas, universidades y organizaciones culturales de Brasil, Argentina y España, el debate giró en torno al reconocimiento, la memoria, la accesibilidad y la transmisión de saberes como cuestiones políticas urgentes.
Participaron Inés de Egaña López, de la Dirección General de Derechos Culturales del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España; Eduardo Balan, de la Escuela Cultural Comunitaria El Culebrón Timbal, de Argentina; Sebastião Soares, director de Promoción de las Culturas Tradicionales y Populares del Ministerio de Cultura de Brasil y miembro del Consorcio Notorio Saber; y Patrícia Dorneles, del Curso de Especialización en Accesibilidad Cultural de la UFRJ.
La moderación estuvo a cargo de Ricardo Nascimento, profesor de la UNILAB e integrante del Consorcio Notorio Saber. Las intervenciones coincidieron en la necesidad de ampliar las políticas de reconocimiento y cuidado de maestras, maestros y comunidades portadoras de saberes tradicionales, entendiendo los derechos culturales no como una concesión, sino como una dimensión fundamental de la democracia y de la diversidad.
Investigación, monitoreo y evaluación de la Cultura Viva
¿Cómo medir las transformaciones que impulsa la Cultura Viva? Esa fue la tensión productiva que sostuvo la tercera mesa durante más de tres horas, marcada por la densidad de las reflexiones y por la participación activa de un público que no solo asistía, sino que también debatía.
La cuestión de los indicadores culturales, la producción de datos y el seguimiento de las políticas públicas puso de relieve un desafío central: construir metodologías de evaluación comprometidas con los territorios y no únicamente con las exigencias burocráticas de rendición de cuentas.
Participaron Deborah Rebello Lima, de la UPR y del Consorcio Cultura Viva de Universidades; Luana Vilutis, de la UFBA y del Diagnóstico Económico de Cultura Viva; José Márcio Barros, del Observatorio de la Diversidad Cultural; Sofia Mettenheim, coordinadora general de Información e Indicadores Culturales de la Secretaría de Gestión Estratégica del Ministerio de Cultura de Brasil; y Shirley Krenak, representante indígena reconocida como Notorio Saber.
La moderación estuvo a cargo de Carolina Ruas, subsecretaria de Políticas Culturales de la Secretaría de Cultura de Espírito Santo. Los debates reforzaron que la investigación y el monitoreo solo tienen sentido cuando están comprometidos con la diversidad cultural, los saberes comunitarios y la participación social, produciendo indicadores capaces de reconocer aquello que la Cultura Viva moviliza en los territorios y en las formas colectivas de organizar la vida.