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Jongo de Pinheiral: la historia de una ciudad y su pueblo, de generación a generaciónJongo de Pinheiral: la historia de una ciudad y su pueblo, de generación a generaciónJongo de Pinheiral: la historia de una ciudad y su pueblo, de generación a generaciónJongo de Pinheiral: la historia de una ciudad y su pueblo, de generación a generación

Por IberCultura

En20, Nov 2016 | En | PorIberCultura

Jongo de Pinheiral: la historia de una ciudad y su pueblo, de generación a generación

La ciudad de Pinheiral, en el Valle del Paraíba (sur del estado de Río de Janeiro) nació alrededor de una estación ferroviaria, junto a una hacienda de café llamada Fazenda São José dos Pinheiros. En esta propiedad de la familia Breves, una de las más grandes de la región en los tiempos de Brasil Colonia, había un celeiro de negros esclavos. Cuando se abrió el testamento del comendador Breves, dándoles la libertad y una parte de las tierras, en 1879, trabajaban allí dos mil esclavos. Del caserón donde él vivía, considerado un palacio, quedaron solo las ruinas. Sin embargo, algo allí se mantiene vivo desde entonces: el jongo.

Fatinha do Jongo es coordinadora del grupo de Pinheiral (foto: Oliver Kornblihtt)

“El jongo de Pinheiral nunca estuvo adormecido. Es una tradición que ha sido pasada de generación a generación desde los tiempos de la esclavitud. Existen muchas familias de jongueiros en la ciudad”, afirma Maria de Fátima da Silveira Santos, “Fatinha do Jongo”, que hace más de 40 años trabaja por la preservación de esta manifestación cultural, reconocida en 2005 por el Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional (Iphan) como patrimonio inmaterial brasileño.

También conocido como caxambu, batuque, tambor o tambú, el jongo es una expresión de origen africano que se manifiesta en Brasil principalmente en la región Sudeste y que cuenta con tres elementos esenciales: el canto, la danza y la percusión. En las ruedas de jongo, hombres y mujeres danzan y cantan los llamados “puntos”, mezclando metáforas y dialectos de la lengua bantú, al sonido de tambores, fabricados en su mayoría de manera artesanal. En Pinheiral, la tradición es de dos tambores: el grande y el candongueiro. El contratiempo entre los dos se da con un pedazo de madera llamado macuco.

Construcción colectiva

Fatinha cuenta que el jongo de Pinheiral pasó a organizarse como grupo a finales de los años 1980, con la creación de la União Jongueira. En 1996, con la intención de preservar la danza del jongo y de aprimorar la biblioteca de la cultura afro brasileira en la región, se fundó el Centro de Referências e Estudos Afro do Sul Fluminense (Creasf). Y poco a poco se fue estrechando el vínculo con las escuelas y universidades.

En 2005, el Centro de Referência do Jongo de Pinheiral ganó la primera convocatoria de  Puntos de Cultura lanzada por el Ministerio de Cultura de Brasil. Con el premio se montó la casa donde el grupo trabaja hasta el día de hoy, bajo tres vertientes: la preservación de la danza, el mantenimiento de una biblioteca afro, y la culinaria, también de matriz africana. “Con ello intentamos tener un retorno para mantener la casa. Porque hicimos el plan de salvaguardia, y logramos obtener el respeto, la difusión y la valoración del jongo en estos 11 años, pero todavía tenemos dificultades para mantener el trabajo”, comenta Fatinha.

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(Fotos: Jongo de Pinheiral)

Desde 2008 el Grupo Jongo de Pinheiral también integra el Pontão de Cultura do Jongo/Caxambu, un programa desarrollado por la Universidade Federal Fluminense (UFF) en colaboración con 15 comunidades jongueiras del Sudeste de Brasil. Son grupos de la región metropolitana de Río de Janeiro, del Sur y del Noroeste fluminenses, de la Zona da Mata mineira y de los estados de São Paulo y Espírito Santo, que buscan la construcción conjunta de políticas públicas para la salvaguardia de este bien registrado como patrimonio cultural de Brasil. Para los jongueiros, el “Pontón” es visto como un punto de encuentro que sostiene la cultura viva.

“Algunas comunidades tienen problemas por la cuestión de la intolerancia, otras no. Hacemos que los evangélicos, por ejemplo, entiendan que se trata de nuestra cultura, no de nuestra religión. Es la cultura del pueblo negro que está dentro de la rueda del jongo”, observa Fatinha. “En los tiempos de la esclavitud, los negros usaban el jongo para organizarse, para cantar la falta que les hacía África, para encontrar pareja. Todo sucedía en la rueda. Hoy en día, usamos la danza para estar donde no estaríamos si no fuera por el jongo: en los teatros, festivales, escuelas y universidades.”

 

En las escuelas

Antes de la aprobación de la Ley 10.639/03, convirtiendo en  obligatoria la enseñanza de la historia y cultura afrobrasileña y africana en las escuelas públicas y privadas del país, el Grupo Jongo de Pinheiral ya estaba dentro de las escuelas de la región del Valle de Paraíba, trabajando lal autoestima de los niños y niñas negras, valorando el aporte del pueblo negro para la formación de Brasil. “La ley reforzó lo que ya hacíamos”, comenta Fatinha, que es miembro de la Comissão Nacional de Mestres e Griôs(*).

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(foto: Oliver Kornblihtt)

Aunque esté jubilada como profesora, Fatinha sigue actuando en una escuela de un municipio vecino, Barra do Piraí, donde se formó un grupo de jongo hace más de cinco años. “Los padres participan, y a los niños les gusta muchísimo. Aprendieron a gustarles el jongo, a saber lo que es. Es un trabajo que valoro mucho, incluso por estar dentro de una escuela”, destaca. “Por medio de la Ação Griô (política pública que es una referencia de gestión compartida en Brasil, involucrando proyectos pedagógicos de diálogo entre la tradición oral y la educación formal), logramos avanzar en todo el territorio nacional, valorando la presencia de los mestres, de las parteras, llevando nuestras tradiciones, nuestros saberes, a la escuela formal.’’

Según Fatinha do Jongo, la creación del programa Cultura Viva, en 2004, fue fundamental para aquellos que trabajan con cultura popular en Brasil. “Hasta Gilberto Gil (que asumió el Ministerio de Cultura y creó el programa Cultura Viva), trabajábamos en las comunidades y era una lucha que un mestre fuera respetado por su sabiduría, que estuviera dentro de las escuelas. Cultura Viva nos proporcionó no perder muchas de nuestras tradiciones, que logramos pasar a los jóvenes. En la comunidad jongueira tenemos líderes jóvenes y su trabajo es maravilloso. Ellos asumieron las comunidades, trabajan con los mayores y ayudan a mantener la tradición.”

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Pasados presentes

Gracias a los jóvenes y a la comunidad académica, los jongueiros del Sudeste brasileño han recibido el apoyo de iniciativas como Passados Presentes: Memória da Escravidão no Brasil, un proyecto de turismo de memoria a partir de una aplicación para celular, lanzada en 2015. Cuatro guiones conducen a los visitantes a locales emblemáticos para el tráfico negrero y la historia de la esclavitud en Brasil, en trayectos por Quilombo de Bracuí, Quilombo de São José, la ciudad de Pinheiral y el centro del Río de Janeiro.

En los quilombos y en Pinheiral, los puntos de memoria fueron identificados por los habitantes, descendientes directos de la última generación de africanos esclavos, en coordinación con las historiadoras que coordinan el proyecto. Son ellos quienes cuentan la historia local a partir de lo que escucharon de sus padres y abuelos.

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Picnic cultural en el Parque de las Ruinas

“Hicimos una exposición a cielo abierto contando la historia de la hacienda, la historia de la estación y la historia del jongo. La única cosa que sobrevivió de la hacienda fue el jongo”, resalta Fatinha. El proyecto mapeó 12 puntos de la ciudad — incluidos la casa del Jongo, la estación ferroviaria, la iglesia matriz y una fiesta junina (fiesta tradicional celebrada en el mes de junio) “que duraba 15 días, con jongo todos los días”.

En Pinheiral, el lanzamiento del proyecto Passados Presentes en 2015 marcó también la inauguración del Parque de las Ruinas, donde estaba el antiguo caserón de la Fazenda São José dos Pinheiros. En octubre de 2016, los jongueiros de la ciudad empezaron a hacer allí un “picnic cultural”, llevando una vez al mes la danza del jongo a las ruinas del caserón. El 20 de noviembre, cuando se celebra el Día de la Conciencia Negra en Brasil, el grupo obtuvo una conquista más: el alcalde José Arimathea Oliveira firmó un término de cesión de tierras del Parque de las Ruínas para que el Grupo Jongo de Pinheiral construya ahí su sede. El jongo, al fin, volverá a casa.

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*Griô o mestre(a) es todo(a) ciudadano(a) que se reconozca y sea reconocido(a) por su comunidad como heredero(a) de la tradición oral y que, a través del poder de la palabra, de la vivencia, dialoga, aprende y enseña, transmitiendo saberes y formas de hacer de generación a generación, garantizando la ancestralidad e identidad de su pueblo.

Sepa más:

http://www.facebook.com/jongo.pinheiral

O Jongo de Pinheiral: entre história, memória e direitos (por Vanessa Santos do Canto e Luana da Silva Oliveira)

Thydêwá: el sueño colectivo que dio voz a los pueblos indígenasThydêwá: el sueño colectivo que dio voz a los pueblos indígenasThydêwá: el sueño colectivo que dio voz a los pueblos indígenasThydêwá: el sueño colectivo que dio voz a los pueblos indígenas

Por IberCultura

En18, May 2016 | En | PorIberCultura

Thydêwá: el sueño colectivo que dio voz a los pueblos indígenas

El 9 de julio de 1994, Día de la Independencia de Argentina, Sebastián Gerlic hizo las valijas y fue a vivir a Brasil. Le faltaban dos días para cumplir 25 años. Seis meses antes, había pasado un mes viajando por el Nordeste de Brasil, de Fortaleza a Salvador. Enamorado del país, dejó el empleo en una agencia de publicidad donde era productor audiovisual, abandonó las dos universidades que estaba cursando (Comunicación Social e Historia del Arte), dejó la carrera de cineasta, y se marchó a São Paulo. En la capital paulista, consiguió un trabajo como asistente de un director de comerciales de televisión. Y estuvo trabajando como publicitario en los seis años siguientes. Hasta el día en que una bomba casi le cayó en la cabeza.

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Sebastián Gerlic es el presidente de la organización (Foto: Aleksandra Pinheiro)

“El día 22 de abril de 2000, yo estaba en Porto Seguro (Bahia) filmando la manifestación de los 500 años de resistencia de los indígenas cuando mandaron a bombardear a los manifestantes. Mientras las bombas caían en nuestras cabezas, agarré mi pipa y fumé pidiendo a Tupã para no morir. Ese día dejé la publicidad de una vez y pasé a ‘enseñar’ comunicación a los indígenas, a reaprender lo que es vivir en la convivencia con ellos”, cuenta Sebastián, que en esos más de 20 años en tierras brasileñas tuvo poca conexión con la tierra natal.

La pipa no apareció por casualidad en el medio de la manifestación. Desde que llegó a Brasil, además de actuar como publicitario, Sebastián también se dedicó a los estudios del chamanismo. Un interés que vino de los tiempos de adolescência. “A los 13 años hice un viaje, solo yo y mi padre, fuimos al norte de Argentina y ahí conocí a los indígenas. Años después, hice un viaje por Bolivia y Perú y me enamoré de ellos. Mi sueño era hacer documentales para la televisión y mostrar al mundo que la ‘civilización dominante’ estaba loca y enferma, suicidándose y asesinando a un montón de especies y culturas”, comenta.

La organización

El sueño pasó a tomar forma con Thydêwá, organización no gubernamental que actuó de manera informal en Salvador (de Bahía) entre 1998 y 2002, período en que coordinó la producción y editó los cuatro primeros volúmenes de la colección Índios na visão dos índios (“Indígenas en la visión de los indígenas”). “Fue justamente haciendo Índios na visão dos índios que decidimos nacer con personería jurídica”, explica Sebastián, uno de los fundadores de la ONG.

“Thydêwá nace de una alquimia multicultural: indígenas de Alagoas, Bahía y Pernambuco, dos paranaenses, una gaúcha, un baiano, un chileno y un argentino. Éramos un colectivo que a veces tenía más gente, otras menos. Con garra de cuidar de lo institucional éramos menos, pero lo más importante siempre fue lo que circulaba por los corazones, lo que es hecho desde y por los corazones”, afirma el argentino, que actualmente comparte la sociedad con cuatro indígenas: Potyra Tê Tupinambá (Bahía), Mayá Pataxó Hãhãhçae (Bahía), Nhenety Kariri-Xocó (Alagoas) y Atiã Pankararu (Pernambuco).

Más que una serie de libros, Índios na visão dos índios terminó siendo una tecnología sociocultural educativa de Thydêwá. Por medio de ella, indígenas analizan la propia realidad actuando como historiadores, antropólogos y periodistas. Son ellos mismos que sacan las fotos, recogen los testimonios, escriben, dibujan, dialogan con alumnos en las escuelas, dan entrevistas, construyen y comparten sus mensajes.

La colección de libros ya cuenta con 26 títulos en papel — muchos de ellos están disponibles gratuitamente en formato digital. “Los ejemplares circulan dentro y fuera de las aldeas, sirviendo para estrechar las relaciones interculturales, creando puentes entre las culturas indígenas y las sociedades de la globalización, promoviendo la cultura de paz”, resalta Sebastián. Según él, más de 1000 indígenas de más de 20 etnias ya interactuaron con y desde esta tecnología socioeducativa, reconocida en premiaciones brasileñas e internacionales.

En red

Otro proyecto muy premiado de Thydêwá es la Red Índios On-Line, que lleva internet a siete aldeas para facilitar la comunicación entre los pueblos, tendiendo puentes de doble mano con las comunidades indígenas. El proyecto recibió en 2004 el Premio de Inclusión Digital Telemar y, el año siguiente, ganó la primera convocatoria de Cultura Viva, pasando a ser reconocido como Punto de Cultura. Aún en 2005, 41 becarios indígenas empezaron a trabajar en seis comunidades como Agentes de Cultura Viva.

En 2009, tras recibir el Premio Mídia Livre por las acciones de la Red Índios On-Line, la organización firmó convenio como responsable por el Pontón Esperança da Terra. En 2014, con más premios ganados y ya reconocida como Punto de Memoria y Punto de Lectura, Thydêwá dio inicio a la Red de Puntos de Cultura Indígena de Nordeste de Brasil.

“Cultura Viva es el mejor programa que nuestra institución conoce. Primero porque nació de reconocer lo que existe, pulsa reconociendo y apoyando los trabajos, vive de potenciar la vida. Es un programa especial porque se construye en la interacción real”, escriben ellos en Cultura Viva – Esperança da Terra, el 19º libro de la serie Índios na visão dos índios, que tuvo el Pontón como narrador.

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Pelas mulheres indígenas, el 20º libro, se presentó en 2014

En el 20º título de la colección, Pelas mulheres indígenas, más de 20 mujeres de ocho comunidades del Nordeste de Brasil realizaron fotografias y escribieron sobre sus vidas, sus sueños, sobre ser mujer indígena hoy. El libro, que también cuenta con una cartilla sobre cómo prevenir y actuar en casos de violencia conyugal, era parte de un proyecto de formación de agentes multiplicadoras de transformación social. Además de encuentros en la sede de la ONG, en Olivença (Ilhéus, Bahía), el proyecto preveía la creación de una red multiétnica, la Comunidad Colaborativa de Aprendizaje por las Mujeres Indígenas (www.mulheresindigenas.org).

Libros digitales

Y fue con la intención de llevar la palabra indígena a mucha más gente, en todo el mundo, que lanzaron la colección de libros digitales Kwatiara. Dirigidos a niños, jóvenes y adultos, descargados en tablets, celulares o en archivos .pdf, los dos primeros e-books (O canto da Lua y Dois irmãos no mundo) tienen versiones en cuatro idiomas: portugués, inglés, francés y español.

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O canto da Lua, título que abre la serie, está basado en un porancy (canto indígena tradicional) que cuenta lo que pasó después que los tupinambás pasaron a dormir frente a la televisión: Jacy (la Luna, en lengua tupi) dejó de brillar. Dois irmãos no mundo, a su vez, es una historia del pueblo kariri-xocó contada por un guardián de las memorias de la aldea, sobre dos hermanos que nacieron a las orillas del río São Francisco, crecieron felices y en comunión con la naturaleza, hasta que un bello día uno de ellos decidió marcharse de la aldea, ansioso por conocer lo que el mundo le reservaba.

Kwatiara empezó con libros de autores indígenas de distintas etnias del territorio brasileño para “niños de 0 a 100 años”. Con el apoyo del programa IberCultura Viva (este proyecto fue uno de los siete ganadores de la categoría 3 de la Convocatoria de Intercambio, lanzada en 2015), la colección ha crecido, pasando a ser de Iberoamérica. En su versión más grande pasó a llamarse Kwatiara Abya Yala (en tupi, “Escrita indígena de América”).

El intercambio

Las dos primeras historias iberoamericanas que van a tener un e-book en la serie Kwatiara Abya Yala vienen de Argentina: Comunidad Indígena Territorial Comechingón Sanavirón Tulián (de Córdoba) y Comunidad Linkan Antain Corralitos (de Salta). Una de ellas ya terminó el texto y está encargada de los dibujos del libro.

Alfredo Casimiro y su pueblo atacameño recibieron a Atiã Pankararu en Salta (Argentina)

El contacto entre brasileños y argentinos, iniciado por correo electrónico, se estrechó en enero de 2016, cuando Sebastián Gerlic y Atiã Pankararu fueron a Argentina visitar a Mariela Tulián y Alfredo Casimiro, los dos indígenas que contestaron al llamado de Thydêwá para empezar una colaboración a causa de la Convocatoria IberCultura Viva de Intercambio. En junio, Mariela y Alfredo van a retribuir la invitación visitando el Pontón Esperança da Terra, en Ilhéus. Sabrina Landoni, directora de Diversidad y Cultura Comunitaria del Ministerio de Cultura de Argentina, también es esperada en este encuentro en Bahía.

“Era mi deseo compartir con nuestros hermanos indígenas de Argentina los casi 14 años de experiencia en tecnologías socioculturales que creamos con Thydêwá”, afirma Sebastián. En esos años de trabajo en Bahía, él viajó varias veces para Europa llevando indígenas brasileños, fue y volvió a Colombia, recibió a indígenas colombianos en Thydêwá en tres ocasiones, recibió a estadunidenses, a uruguayos, a celtas. Pero solamente ahora puede, finalmente, realizar el sueño de intercambiar experiencias con los coterráneos.

Mariela Tulian y Atiã Pankararu en Córdoba, Argentina

 

Lea también:

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Sepa más:

www.thydewa.org

Somos – Comunicação, Saúde e Sexualidade: la militancia por el arte de la comunidad LGBT

Por IberCultura

En05, May 2016 | En | PorIberCultura

Somos – Comunicação, Saúde e Sexualidade: la militancia por el arte de la comunidad LGBT

Texto: Cristiane Nascimento
Asesoria de Comunicación/ Ministerio de Cultura de Brasil

Valerse del arte y de la comunicación para la quiebra de paradigmas, comprendiendo tales áreas como potentes medios de transformación social y cultural. Esa es la base de Somos – Comunicação, Saúde e Sexualidade, organización no gubernamental (ONG) de Porto Alegre (Rio Grande do Sul) reconocida como Punto y Pontón de Cultura por el Ministerio de Cultura de Brasil (MinC).

La organización nació en 2001, tras la reunión de un grupo de militantes de la lucha contra Sida y del movimiento de lésbicas, gays, bisexuales, travestis, transexuales y transgéneros (LGBT), con la propuesta de desarrollar acciones sociales dirigidas a la comunicación y la salud. En un periodo anterior a las redes sociales, hoy intrínsecas al cotidiano, el grupo ya ensayaba algunas movilizaciones sobre el tema en internet.

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Campaña “Acredite em sonhos, provoque mudanças” (Cree en sueños, provoque cambios, 2011)

Desde aquel entonces, Somos fue muchas cosas. El arte llegó tímido, representado inicialmente por acciones de carácter más educativo e informativo. Poco a poco, fue ganando espacio dentro de la institución, que pasó a crear, producir y difundir acciones artísticas y culturales con temáticas vinculadas a la diversidad de expresiones de la sexualidad humana, con foco en la cultura LGBT. Finalmente acabó transformándose en el principal instrumento de concientización de la ONG.

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Sandro Ka es director financiero de Somos y el responsable por las iniciativas de comunicación y cultura

“Las estrategias que usan las vías de lo sensible son extremadamente importantes para la quiebra de paradigmas y esenciales para que acabemos con el prejuicio. Percibimos, por ejemplo, que un espectáculo sobre ‘travestilidad’ es mucho más potente y se hace oir mucho más que un discurso político propiamente dicho o un material informativo”, afirma Sandro Ka, director financiero de Somos, también responsable por las iniciativas de comunicación y cultura. “Las escenas allí presentadas continúan reverberando dentro de aquellos que las presenciaron, poniendo sus convicciones en cheque. El arte posibilita que veamos la vida con otros ojos y salgamos del lugar común. Es algo que funciona de dentro para fuera y acaba cambiando nuestra manera de pensar y entrar en acción”, destaca.

En 2005 la ONG fue reconocida como Punto de Cultura. El grupo posee un centro de documentación con centenas de libros y filmes que tratan de los derechos humanos y de la diversidad sexual. El proyecto seleccionado en la convocatoria tenía como objetivo justamente la ampliación de ese acervo, en volumen y accesos. En la ocasión, la organización salió en caravana por el estado de Rio Grande do Sul, realizando presentaciones y debates sobre el tema.

Tiempo después, en 2009, se reconoció la organización como Pontón de Cultura, cuando pasó a articular un conjunto de iniciativas culturales, desarrollando acciones de movilización, formación y mediación no solo en Porto Alegre, sino en ámbito nacional. El grupo pasó a brindar talleres de lenguajes diversos, entre ellos cine, danza y teatro, con un abordaje transversal, abarcando cuestiones de género y diversidad sexual.

Mapeo cultural LGBT

Otro brazo del Pontón fue el mapeo cultural LGBT, con visitas in loco a diversas ciudades brasileñas –entre capitales o municipios emblemáticos para la escena LGBT– para el registro de manifestaciones artísticas y culturales vinculadas y representativas de la población LGBT. “Teníamos el objetivo de hacer un levantamiento inicial sobre la producción artística y cultural de este público, posibilitando, así, una mirada a lo que se produce de calidad dentro de este segmento, fundamental, incluso, para la creación de una identidad”, afirma Sandro.

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Lorna Washington, artista transformista visitada por el equipo de Mapeo Cultural LGBT

 

El director cuenta que, por medio del proyecto, pasó por 18 ciudades brasileñas, donde pudo presenciar y registrar un escenario significativo de arte transformista y paradas de orgullo LGBT. A pesar de la calidad, Sandro pudo ver algunas fragilidades. “Ya existe una producción de calidad, pero que al mismo tiempo es muy frágil. Principalmente porque la memoria de esa producción es muy frágil. Muchas cosas se pierden con el paso del tiempo”, dice.

El grupo posee una serie de registros de arte vinculado a la cultura LGBT de todo el país, con textos, fotos e videos, producidos durante estas visitas. Según Sandro, la idea es poner a disposición todo ese material para consulta online, incluso para garantizar la memoria de las acciones.

Pontón de cultura

Como Pontón de Cultura, Somos promovió y articuló una serie de actividades culturales que atravesaron no sólo las fronteras de la institución, sino gradualmente, del estado y del país. Bailarín y drag queen desde hace más de 18 años, Nilton Júnior llegó a impartir talleres de danza en Somos. En perspectiva, cree que la efervescencia cultural generada por la ONG hace algunos años fue fundamental para la identidad y la promoción de la cultura LGBT en Porto Alegre.

“Propicié caminos para que se sensibilizasen y descubriesen su propio potencial artístico. Bajo preceptos de danza contemporánea, trabajábamos mucho con la expresión corporal. Los talleres no tenían nada que ver con drag queen y, aún así, muchos acabaron retomando o siguiendo una trayectoria artística posteriormente. Lo que siempre dije es que si tenían algo que decirle al mundo, sería posible encontrar un modo de expresión artística para ello. Creo que mi papel, en ese sentido, fue el de plantar una semilla”, dice.

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Eduardo Guedes empezó a concretar su interés por el arte de travestirse en la ONG Somos (Foto: Pedro Monsev)

Eduardo Guedes fue uno de esos alumnos. Hoy DJ, drag queen y promotor cultural, afirma que, aunque siempre tuviera un interés especial por el arte performática de travestirse, eso realmente comenzó a concretarse en Somos. En la organización, llegó a frecuentar talleres no solo de danza, sino también de teatro, cine y fotografía.

“Gracias a Somos soy lo que soy hoy. Fue allí donde yo y muchos colegas empezamos a tener conciencia de que no había nada de equivocado en ser gays. Y creo que la danza y el teatro, principalmente, tuvieron un papel esencial en ese proceso, pues exigían que pusiéramos la cara al sol y nos encaráramos a nosotros mismos. Permitieron una expresión que acabó por libertarme”, cuenta.

También como Pontón de Cultura, en 2010 Somos creó Close – Festival Nacional de Cine de la Diversidad Sexual, que incluye una muestra de cine competitiva con cortometrajes brasileños y la exhibición de películas que tratan de la temática LGBT. El corto “Eu não quero voltar sozinho” (Yo no quiero volver solo), precursor del largometraje “Hoje eu quero voltar sozinho” (Hoy yo quiero volver solo), fue uno de los destaques de la primera edición del festival.

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Close – Festival Nacional de Cine de la Diversidad Sexual

Actualmente, la muestra integra el circuito alternativo LGBT, consolidándose, incluso, como la referencia más importante de la producción audiovisual brasileña de temática de la diversidad sexual. A pesar del recorte temático, como cualquier otro festival de cine, la premiación sigue preceptos técnicos.

Emprendiendo el vuelo

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Silvero Pereira hizo un trabajo de interacción con travestis y transformistas de la región Sur de Brasil. (Foto: Luciane Pires Ferreira)

En medio de sus andanzas por el país como representante e investigador de la cultura dirigida a la diversidad sexual, Sandro Ka conoció a Silvero Pereira, actor, productor y director teatral vinculado a la cultura LGBT del estado de Ceará y también integrante del colectivo artístico As Travestidas. Los puntos de encuentro entre los dos productores culturales fueron claros desde el inicio, así como el deseo de una colaboración. Los casi 4 mil kilómetros que separan Fortaleza de Porto Alegre no facilitaban, sin embargo, un diálogo más contínuo.

En 2012 el Ministerio de Cultura de Brasil, por medio de la Fundación Nacional de Artes (Funarte) y de la Secretaría de Ciudadanía y Diversidad Cultural (SCDC), lanzó la convocatoria “Bolsa Interações Estéticas – Residências Artísticas em Pontos de Cultura” . El programa tenía como objetivo apoyar proyectos de diferentes segmentos artísticos por medio del intercambio cultural entre artistas de Brasil y la red de Puntos de Cultura.

Entre los 52 proyectos contemplados en la convocatoria estaba “BR-TRANS: Cartografia Artística e Social do Universo Trans no Brasil”, presentado por Silvero Pereira. Durante seis meses, el artista realizó un trabajo de interacción con travestis y transformistas de la región Sur de Brasil, además de una investigación sobre el prejuicio, la visibilidad trans y el arte como instrumentos de provocación y cambios sociales.

“Vivimos en una sociedad que se dice democrática y respetable, pelo tenemos uno de los mayores índices de asesinatos y agresiones de travestis y transgéneros del mundo”, afirma el artista cearense. “En este ámbito logramos, por medio del arte, acceder y tener un impacto en la sociedad de manera más inmediata. El arte tiene poder de catarsis e identificación, volviendo eventuales cambios mucho más acelerados”, concluye.

De su interacción e investigación realizadas con el apoyo de Somos, nació el espectáculo BR Trans, que reunió fragmentos reales de la vida de los travestis, transexuales y transformistas con los que convivió en ese período, trayendo a discusión historias de exclusión, violencia, afecto, deseos y transformaciones.

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El equipo del espectáculo BR Trans (Foto: Luciane Pires Ferreira)

La obra ganó vida en 2013 y desde entonces ha generado una serie de frutos. BR Trans pasó por decenas de ciudades brasileñas, sumando varios premios en muestras y festivales. En julio de 2015, representó a Brasil en el International Hispanic Theatre Festival of Miami, en los Estados Unidos y, en mayo de 2016, deberá presentarse en Alemania.

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Intervención artística sobre religión y sexualidad producida por Sandro Ka en 2008

Más allá del arte

Aunque Somos tenga una fuerte presencia en la escena cultural LGBT de Porto Alegre, Sandro Ka cree que lo importante es -más que esas movilizaciones en torno al arte- las huellas que han dejado en la sociedad. “Son pequeños logros que poco a poco van cambiando nuestro cotidiano. Son pasos minúsculos frente a las innúmeras dificultades que enfrentamos, pero no dejan de ser importantes”, afirma.

Para él, los cambios comportamentales y culturales –en un sentido más amplio, no necesariamente artístico– son los mayores logros de la ONG en la que participa desde 2005. Logros que siente en la piel. “Soy agente y objeto de esta lucha. Vivo las urgencias en las cuales me involucro y por las cuales trabajo. Soy agente y objeto inmediato de todas las mejoras de condiciones de vida y ciudadanía generadas por esa lucha. Es lo que hace sentirme ciudadano y tener el deseo de continuar luchando.”

Una mayor aceptación social y cultural de la diversidad sexual, la difusión de la utilización de nombres sociales y el reconocimiento de las bodas homoafectivas y de la adopción de niños por parejas homosexuales, son algunos de los pequeños grandes pasos que Ka acompañó en los últimos años.

En el caso de la unión homoafectiva, Somos tuvo un rol fundamental. En 2011, a partir de una acción judicial impetrada por la organización, el Superior Tribunal de Justiça (STJ) reconoció el derecho a la unión civil a una pareja de mujeres de Rio Grande do Sul, dando espacio a una jurisprudencia de la causa.

“Es muy bueno poder mirar hacia atrás y ver que muchos sueños que parecían utópicos acaban por consolidarse. Hoy tenemos acceso a algunos derechos, podemos andar más libres y tenemos más espacio para ejercer nuestra sexualidad. Sólo espero que esos logros continúen y que los derechos iguales dejen de ser algo utópico”, afirma.

(*Texto publicado el 5 de mayo de 2016)

Fuente: Plataforma Rede Cultura Viva

Quilombo do Sopapo: jóvenes autónomos y auto-organizados en pro de la resistencia

Por IberCultura

En04, May 2016 | En | PorIberCultura

Quilombo do Sopapo: jóvenes autónomos y auto-organizados en pro de la resistencia

Texto: Cristiane Nascimento (Ministerio de Cultura de Brasil)

Transformar la vida de jóvenes de la periferia a partir de acciones que integran arte, cultura y ciudadanía. Concientizarlos sobre su valor a través de trabajos que refuercen su identidad periférica, promuevan la ciudadanía y el estímulo de los derechos humanos. Esas fueron las premisas que concibieron el Quilombo do Sopapo, Punto de Cultura ubicado en el barrio de Cristal, en la zona sur de Porto Alegre (Rio Grande do Sul, Brasil) – región que reúne en su territorio una serie de contrastes, que abarca desde emprendimientos de alto coste hasta ocupaciones irregulares.

Leandro Anton, do Ponto de Cultura Quilombo do Sopapo (RS). Foto: Oliver Kornblihtt

Leandro Anton es coordinador del Quilombo do Sopapo (Foto: Oliver Kornblihtt)

“Nuestra idea era crear una organización potencial que fuera referencia en la prevención de la violencia. Queríamos mostrar a estos jóvenes que es posible resistir – resistir incluso a los asedios por las contravenciones. Más que eso, queríamos que estos jóvenes tuvieran conciencia de su voz e hiciesen uso de ella para crear un nuevo mundo, un mundo posible”, afirma Leandro Anton, coordinador del Punto de Cultura.

Esta idea fue la primera certeza del programa. Para lograr este objetivo, el grupo que concibió el punto decidió caminar por las comunidades de la región, buscando identificar cuáles eran las manifestaciones culturales desarrolladas por sus jóvenes. En estas búsquedas se percibió que la música, independientemente del ritmo tocado o cantado, creaba unidad entre ellos, les daba autonomía y les mantenía lejos de la violencia.

Fue en ese contexto en el que nació el Quilombo do Sopapo. El nombre del grupo refleja esas ideas. La creación de un territorio para la producción de cultura por parte de jóvenes autónomos y auto-organizados en pro de la resistencia culminó al elegir la palabra “quilombo” como símbolo de fuerza, libertad y diversidad multiétnica. La música como símbolo de esta construcción se buscó en otra referencia ancestral, el “sopapo”, tambor afro-gaúcho ( del estado de Rio Grande do Sul) hecho con corteza de árbol y piel de caballo.

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Presentación de Iyalodê Idunn, colectivo de percusión de Quilombo do Sopapo, en abril de 2016 (Fotos: Leandro Anton)

El Quilombo do Sopapo fue reconocido como Punto de Cultura en 2006, cuando la organización firmó convenio con el Ministerio de Cultura de Brasil (MinC), por medio de una convocatoria del Programa Cultura Viva. La organización es fruto de una colaboración entre Guayí -una organización de la sociedad civil de interés público (oscip) que busca desarrollar procesos comunitarios y acciones educativas, contribuyendo en la construcción de políticas públicas con ciudadanía y participación social-, y el Sindicato de los Trabajadores de Judiciario Federal de Rio Grande do Sul, entidad propietaria del espacio donde hoy funciona la organización.

Talleres para la ciudadanía

Talleres de comunicación comunitaria, de tecnología de la información para el desarrollo de softwares libres, de audiovisual, de fotoperiodismo, de artes gráficas, de teatro de animación, de percusión y hasta de confección de libros cartoneros. Las actividades desarrolladas en el Quilombo do Sopapo son innúmeras. Aunque exista como Punto de Cultura desde 2006, la institución solamente abrió sus puertas con sede en una dirección fija en 2008.

Desde entonces fueron más de 40 talleres con la participación y formación de más de 1000 jóvenes de la comunidad. Su alcance, sin embargo, sobrepasa esa marca. Al albergar un telecentro y una biblioteca comunitaria, el Punto de Cultura atiende a centenas de personas a cada semana. El grupo cuenta además con una serie de colaboraciones con escuelas estatales de la región, en las cuales desarrollan actividades artísticas y culturales para la promoción de la ciudadanía.

Mostra de Teatro Comunitario do Quilombo do Sopapo (Foto: Leandro Anton)

Muestra de Teatro Comunitario de Quilombo do Sopapo (Foto: Leandro Anton)

“Sopapo es el único equipamiento de cultura y entretenimiento dirigido a jóvenes y con acceso gratuito en este barrio. También somos nosotros quienes promovemos la ocupación frecuente de la única plaza de Cristal con actividades culturales. Para muchos de los jóvenes que aquí viven, el Sopapo es la principal, tal vez la única, puerta de acceso para la cultura”, afirma Leandro Anton.

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Cristina pasó de educanda a educadora: “Quiero mostrar que, sí, ellos pueden soñar”

Cristina da Rosa Nascimento, de 23 años, es una de las 15 personas que pasaron por los talleres del Punto de Cultura y hoy es su sustento. Actualmente educadora de la institución, conoció Sopapo en 2009, a los 16 años. Aún como alumna de la secundaria, Cristina participó, en la propia escuela, en un taller de fotografía a cargo del equipo del Punto de Cultura.

Enseguida se inscribió en un taller de audiovisual en la institución. Como resultado del taller, produjo un cortometraje por medio del que transmitía su visión del mundo a partir de su propio referencial: una joven negra y de la periferia.

“Ahí tuve mi primer acceso a un trabajo intelectual. Ahí me di cuenta de que yo pensaba, tenía voz y podría mostrar al mundo mis ideas, mi manera de ver el mundo y la sociedad alrededor”, cuenta.

También utilizando elementos de su realidad como inspiración para sus trabajos, Cristina creó, con algunos jóvenes de la comunidad, el libro de fotografías Imagens faladas (“Imágenes habladas”). La obra nació a partir de la lucha de la comunidad por su mantenimiento, ya que había entonces un proyecto del gobierno local para la venta de parte del área del Morro Santa Teresa, ubicado junto al barrio Cristal.

“Las escuelas públicas, en general, son muy malas. No existen oportunidades para el joven de la periferia. No hay horizontes más allá de la propia escuela. El Punto de Cultura me surgió como una oportunidad y yo la agarré”, afirma Cristina.

"Comunicação e Arte: Uma onda no ar" (Foto: Leandro Anton)

Ruidos Urbanos, un programa sobre cuestiones diversas (Foto: Leandro Anton)

Actualmente desarrolla el proyecto Ruidos Urbanos, programa de “radiovisual” del Colectivo Sopapo de Mulheres –  uno de los varios creados dentro del Punto de Cultura. Con una perspectiva de género, el programa invita a artistas e intelectuales a tratar de cuestiones diversas, desde reubicaciones comunitarias hasta la dificultad de conciliar trabajo y maternidad.

La joven, que tiene el sueño de obtener un diploma universitario, también trabaja como tallerista en una de las escuelas colaboradoras de Sopapo. La idea es producir una segunda edición del libro de fotoperiodismo. Para ella esa oportunidad viene, sin embargo, acompañada de una responsabilidad: de educanda pasó a educadora.

“Quiero mostrar a los chicos que sí, que ellos pueden soñar. No necesitan estar al margen del proceso, no necesitan bajar la cabeza. Ellos existen, son jóvenes de la periferia y deben tener orgullo de ello. Mi papel aquí es empoderar a esos chicos”, afirma.

Fuente: Ministerio de Cultura de Brasil (MinC) http://bit.ly/1q0x2kr

Sepa más: http://quilombodosopapo.redelivre.org.br/

www.facebook.com/quilombo.dosopapo/

Ludocriarte: el Punto de Cultura donde todo el mundo trabaja jugandoLudocriarte: el Punto de Cultura donde todo el mundo trabaja jugandoLudocriarte: el Punto de Cultura donde todo el mundo trabaja jugandoLudocriarte: el Punto de Cultura donde todo el mundo trabaja jugando

Por IberCultura

En26, Apr 2016 | En | PorIberCultura

Ludocriarte: el Punto de Cultura donde todo el mundo trabaja jugando

El italiano Paolo Chirolla tenía 18 años cuando desembarcó por primera vez en Brasil. Alumno de un curso de Ciencias de la Educación en Milán, Italia, aprovechó sus vacaciones para trabajar como voluntario en un proyecto social de la Ciudad de Goiás, a poco más de 140 kilómetros de Goiânia, capital del estado que lleva el mismo nombre del municipio que lo acogió – en ese primer momento, durante un mes y medio.

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Paolo Chirolla fundó Ludocriarte en 1985 (Foto: Acácio Pinheiro/MinC)

“Siempre estuve muy metido en los movimientos sociales. Tal vez porque en Italia el voluntariado es algo muy fuerte, está en la sangre. Allá es común participar de proyectos que ayuden al otro, sin ninguna remuneración financiera”, afirma Chirolla, hoy presidente de la Associação Ludocriarte, uno de los más de 4,5 mil Puntos de Cultura existentes en Brasil.

Cerca de dos años después de su primera visita al Centro Oeste brasileño, el entonces estudiante universitario retornó a Brasil de manera definitiva. Dejó la facultad y la familia en Italia para seguir su destino. “Fue más fuerte que yo. De alguna manera, siempre supe que no tendría una vida tradicional”, comenta.

El italiano pasó por una serie de proyectos e instituciones hasta que, en 2005, fundó la Associação Ludocriarte en una casa de São Sebastião, región administrativa del Distrito Federal. Allí creó una ludoteca comunitaria para atender a niños y jóvenes de baja renta. Por medio del rescate de los juegos tradicionales, la institución promueve un trabajo de educación y cultura con la comunidad.

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Los cuentacuentos es una de las actividades realizadas con los niños (Foto: Acácio Pinheiro/ MinC)

“Para nosotros, jugar lo es todo. Jugar es cultura. Con el juego y el lenguaje lúdico el niño accede a todas las otras cosas. Hicimos un trabajo inverso, intentando incluir todo dentro del juego, y no al contrario”, destaca Chirolla. En “Brinca”, como es llamado el local, los niños conocen actividades como el teatro, la música y el cine por medio de los juegos. De ese modo absorben los contenidos y son estimulados a crear sus propias obras.

Según Paolo, los productos culturales dirigidos a los niños son habitualmente pensados y producidos por adultos. Éstos tienen su valor, claro, pero también disminuyen el potencial creativo de los pequeños. El arte y la cultura casi nunca son pensados en coordinación con los niños. “Nuestro foco  fue siempre fomentar lo lúdico dentro de la cultura de la infancia. ¿Y qué es la cultura para el niño sino  jugar? Para nosotros, jugar es el origen de toda la cultura infantil”, afirma Chirolla.

Actualmente, Ludocriarte atiende a 85 niños, la mayoría entre 6 y 14 años. Frecuentan la institución de lunes a jueves, en turno contrario a las clases. Además de usar la ludoteca comunitaria, con juguetes y juegos de mesa, los alumnos participan de las clases lúdicas de informática y de talleres, entre ellos los de cuentacuentos, de musicalización y de hip hop. Los niños también usan la calle para juegos populares como el fútbol.

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Además de usar la ludoteca, los niños tienen talleres lúdicos de informática

Un Punto de Cultura y sus hijos

En 2010, Ludocriarte fue seleccionada como Punto de Cultura. Con los recursos transferidos por el Ministerio de Cultura, la institución montó un laboratorio de informática y compró una serie de instrumentos musicales para los niños. El apoyo fue también importante para la concepción de los talleres de cuentacuentos, que resultaron en la publicación de dos libros producidos por los propios alumnos.

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Lea el libro Era outra vez: http://bit.ly/1WeVw46

Presentado en 2012, el primer libro, Era outra vez… Histórias clássicas recriadas pelas crianças do Ponto de Cultura Ludocriarte”, incluyó recreaciones de obras clásicas como Cenicienta y Caperucita Roja. El segundo libro del proyecto, Era outra vez… Histórias Mágicas criadas pelas crianças do Ponto de Cultura Ludocriarte”, se presentó en 2014, teniendo como telón de fondo un mundo mágico, con hadas, princesas y dragones.

En 2016, Ludocriarte dio inicio a una tercera fase de ese proyecto. En conmemoración a los 10 años de la institución, los niños producirán un nuevo libro, que tendrá justamente los juegos populares como inspiración. “El trabajo que desarrollamos con los niños para la elaboración de las historias es siempre muy rico. Empieza con los cuentacuentos y, por medio del juego, comenzamos a crear sobre ellos. Ahora, quien sabe, podremos crear una narrativa con dona Chica y el gato, por ejemplo”, explica Isabela Leda, psicóloga y tallerista voluntaria de creación de historias, refiriéndose a la canción tradicional “Atirei o pau no gato”.

Lucas Alves de Melo, de 10 años, es uno de los más entusiasmados con las creaciones. “Lo que más me gusta de la ludoteca es que aprendemos jugando. El trabajo con los libros es genial. Verlos listos es emocionante. Es casi como si fuera un hijo, pues ayudé a crearlo”, dice el chico.

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El taller de música (Foto: Acácio Pinheiro/MinC)

Además del libro propiamente dicho, este año los niños trabajarán también en la concepción de un DVD con músicas y videos producidos por ellos mismos. Una de las canciones incluso ya ha sido compuesta y ensayada por ellos Con el título “Há dez anos”, retrata un poco del clima del espacio. “Desde hace diez años hay muchos juegos / Desde hace diez años hay mucha comprensión/ Desde hace diez años hay mucha amistad / Desde hace diez años trabajamos en unión (…) Felicidad es estar sonriendo / Aprendiendo a ser ciudadano / Siendo aceptado de la manera que soy / Mejor camino, mejor opción.”

Jugar también es algo serio

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(Foto: Acácio Pinheiro/MinC)

Con frecuencia los juegos tienen un aire más serio. Por medio de ellos se trabajan cuestiones como racismo y bullying, y sin que se den cuenta, los niños absorben valores que les serán útiles para toda la vida.

“Aquí aprendí a tener disciplina, a respetar a los colegas y las diferencias”, afirma Maikon Daniel da Silva Lopes, de 14 años. El joven frecuenta la institución desde 2006 y, aunque ya no participe de las actividades, está siempre presente. “Quiero ser ‘brinquedista’ (especialista en juegos, en recreación). Mientras eso no llega, intento ayudarlos como puedo”.

Su madre, Rabiana Pereira da Silva, cuenta que la institución fue de extrema importancia para su hijo. “Maikon  fue siempre un niño activo, que no paraba quieto. Si no hubiese tenido esa oportunidad, probablemente hubiese estado en la calle, jugando sin seguridad. En la ludoteca, toda su energía se vuelca en los talleres, lo que ha hecho de él un niño muy creativo. Está teniendo acceso a una cultura que yo no tendría condiciones de dar”.

Los viernes Ludocriarte cierra para hacer balance. Sin la presencia de los niños, los brinquedistas, talleristas y monitores se juntan para hacer una reunión pedagógica. “Estos encuentros son muy importantes para el funcionamiento de la institución. Es un espacio en el que podemos exponer nuestras dificultades. Lo bueno es que todos buscan una solución conjunta para cualquier problema que aparece, sea con un alumno o con una clase específica”, dice la estudiante de pedagogía y brinquedista Darleane Silva Santos, de 21 años.

Para Paolo Chirolla la atención y la inversión en los educadores son fundamentales para el éxito de Ludocriarte. “Si no hiciéramos estas reuniones, perderíamos mucho. Probablemente serían absorbidos por la rutina y  se sentirían pronto desmotivados”, afirma el presidente de la institución, sin ahorrar elogios a sus aprendices.

“Trabajar con los niños es algo que nos da un placer inconmensurable, pero lo que más me motiva dentro de ese trabajo es la participación de los educadores. Eso me deja realmente tocado. De alguna manera reveo mi juventud por medio del entusiasmo de esos chicos y chicas”, afirma, visiblemente emocionado.

Texto: Cristiane Nascimento (Ascom/MinC)

Fotos: Acácio Pinheiro (Ascom/MinC)

 Fuente: Ministerio de Cultura de Brasil (MinC)

Zehma y la Red Ajuricaba, la red de resistencia de los Puntos de Cultura de ParáZehma y la Red Ajuricaba, la red de resistencia de los Puntos de Cultura de Pará

Por IberCultura

En08, Apr 2016 | En | PorIberCultura

Zehma y la Red Ajuricaba, la red de resistencia de los Puntos de Cultura de Pará

Viene del siglo XVIII la historia que inspiró la Red Ajuricaba – Red Paraense de los Puntos de Cultura, que actúa desde 2010 en la articulación y movilización de la Ley Cultura Viva en Brasil. Ajuricaba fue un indígena tupinambá que se rebeló contra la colonia portuguesa y se convirtió en un símbolo de la resistencia en la Amazonía. Entre 1722 y 1727, ninguna embarcación portuguesa lograba navegar en el Río Negro sin sufrir ataques de los manaús, liderados por él. En 1728, cuando vinieron los contraataques con soldados armados con bombas y fusiles, el héroe rebelde fue finalmente capturado. Ajuricaba se tiró al agua con metal en los tobillos, prefiriendo morir a ser subyugado.

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Zehma: El programa Cultura Viva es su tema de doctorado (Foto: Oliver Kornblihtt)

“Usamos la imagen de Ajuricaba para dar realmente ese sentido de resistencia a los Puntos de Cultura de la Amazonía”, cuenta José Maria “Zehma” Reis, uno de los idealizadores de la iniciativa. “Porque la Red Ajuricaba es sobre todo el proceso de resistencia de la red de Puntos de Cultura del estado de Pará. La red creó una cartilla (abierta, en creative commons) que muestra cómo un Punto de Cultura puede movilizar su comunidad para discutir la Ley Cultura Viva. Es necesario popularizar la ley, precisamos ayudar a la sociedad a conocer la Política Nacional Cultura Viva. El pueblo brasileño precisa saber que existe una ley que lo ampara en toda su diversidad cultural.”

Productor cultural desde hace 20 años, profesor universitario, bacharel en turismo, con máster en geografía y actualmente alumno de doctorado en desarrollo socioambiental en la Universidad Federal de Pará (UFPA), Zehma conoció el programa Cultura Viva en 2004, cuando era dirigente de la ONG Argonautas Ambientalistas da Amazônia. Ya trabajaba en esa perspectiva de trabajo social de la cultura, con foco en la educación y el medioambiente, y se mostró bastante interesado en aquel concepto que se expresaba en la ecuación “cultura + naturaleza = Cultura Viva”.

 

Protagonismo juvenil

En 2005, en la segunda convocatoria de Puntos de Cultura lanzada por el Ministerio de Cultura (MinC), Zehma y los Argonautas presentaron la propuesta del Punto de Cultura Ananin. El proyecto, realizado en el municipio de Ananindeua (región metropolitana de Belém) en colaboración con entidades e instituciones locales, tenía como objetivos desarrollar procesos de producción y difusión cultural, promover la inclusión social y digital, valorar y rescatar expresiones culturales populares locales, defender la vida, la ciudadanía y la preservación ambiental.

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El taller de artesanía marajoara

“Juventud, comunicación comunitaria y protagonismo local siempre fueron el lema del trabajo”, resalta Zehma. “En 2008, con esa misma perspectiva, pero ampliando para el estado de Pará, hicimos el proyecto del Pontón de Cultura Rede Amazônica de Protagonismo Juvenil, centrando en  la comunicación comunitaria (video, fotografía y texto) y en las potencialidades locales. En Marajó, por ejemplo, trabajamos con la artesanía en piel de búfalo. La juventud rescató la artesanía y resignificó la festividad de San Sebastián en Cachoeira do Arari, una tradición con más de 100 años de la que se habían desvinculado.”

Tanto el Punto de Cultura como el Pontón se volcaban en  la experiencia de la propia organización – al final de cuentas, los Argonautas ya trabajaban en el área de desarrollo (habitacional, ambiental, cultural, social) y ya tenían un programa de protagonismo juvenil. Por eso también en el Punto y en el Pontón el trabajo se hacía en torno a tres ejes: el desarrollo juvenil (planificación y organización comunitaria de los jóvenes), la comunicación comunitaria (talleres de radioweb, producción de texto, edición de imágenes) y el desarrollo regional (los talleres de artesanía marajoara, cuentacuentos, etc).

 

Las buenas experiencias

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Stone: “El rap puede ser una forma de cambio”

“Hay casos fantásticos de jóvenes que, por causa de las actividades de los Puntos de Cultura, salieron de la marginalidad, usaron el hip-hop para resignificar la vida y ayudar a otros jóvenes a salir de la criminalidad”, afirma Zehma. El rapero Stone es uno de ellos. En el documental Vozes jovens da Amazônia, una de las acciones realizadas en el Pontón, Stone habla de su experiencia en el grupo MP – Mensageiro da Paz:

“Lo que quiero hacer a través de la danza, del rap y del graffiti es sacar a los niños, adolescentes y jóvenes de las calles, a la gente que por falta de oportunidades se mete en las drogas. Con 14 años, entré en el camino errado (…). Pero conocí el rap y, con el paso del tiempo, fui entendiendo lo que querían decir. El rap puede ser una forma de cambio. Además de mantener la mente ocupada con rimas, letras, danza, uno puede contar lo que pasa en su comunidad, en su vida, con sus hermanos”.

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Jader: “Es necesario ‘bandalargar’ el país”

Jader Gama, a su vez, afirma que el Punto de Cultura Poraque es “su vida”. “Allí consigo dar luz verde a mis sueños, trabajar con quien me gusta y no ser esclavo del reloj. El Poraque también me dio la posibilidad de conocer mi país, compartir mis conocimientos y reunir a las personas en un sueño, en el sentido de buscar un desarrollo regional que no esté basado en el extrativismo depredatorio, sino en el conocimiento digital y cultural. Eso es lo que me mueve hoy en día.”

Para Jader, cuanto más conocimiento digital tengan las personas y entiendan la filosofía del software libre, más defenderán la Amazonía. “Es necesario invertir más en educación, no solo respetando las culturas tradicionales, sino llevando internet de cualidad a las escuelas, a los municipios. Como decía (el ex ministro de Cultura) Gilberto Gil, es necesario ‘bandalargar’ el país. La cuestión de la comunicación es fundamental, y no solo para poder acceder a la información, sino para producirla. Aqui está lleno de talento. Si pudiésemos dejar a las personas en sus ciudades, viajando por el mundo por internet, conociendo otras culturas, estaríamos contribuyendo para que Brasil, Latinoamérica, el mundo, fuera mucho mejor.”

De generación a generación

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Rubia: los jóvenes como multiplicadores

Rubia Goreth, del Punto de Cultura Ribeirinha de Santarém, vio cómo una tradición del siglo XVII volvió a ganar fuerza entre los jóvenes de su comunidad: la artesanía de las cuias. Un trabajo pasado de madre a hija, de generación a generación, fruto de un proceso natural (la cuieira es un árbol muy presente en la región), pero que andaba un poco olvidado hasta la creación de la Asociación de las Artesanas Ribeirinhas de Santarém, en 2003. “(Producir la cuia) es un proceso histórico, cultural, de la identidad de Pará, que nosotros conocemos desde siempre”, comenta la joven. “Antes las mujeres hacían la cuia con grafismo floral, una influencia europea. Después del proyecto se hizo un estudio con todos los grafismos que retratan la cultura local, de las tribus indígenas que habitaron la región, y se identificaron más de 100 padrones.”

El reconocimiento de la asociación como Punto de Cultura, en 2004, según Rubia, contribuyó para acercar a los jóvenes al proceso. “La red prega el protagonismo juvenil, y el Punto de Cultura, el protagonismo de manera general, con la comunidad apropiándose de lo que es suyo de hecho. Aquí siempre tuvimos dificultades con los jóvenes, hay mucha evasión. Lo que queremos es acercar a la artesanía a los jóvenes que se quedan en la comunidad. No sólo a las mujeres en sus procesos de producción, sino a los hombres también, en todo lo que supone difusión, medios, edición. La idea es que den continuidad, se transformen en multiplicadores para la comunidad.”

En Cachoeira do Arari, Rafael recomenzó su historia en el Punto de Cultura Museu do Marajó, en 2004, al tener la oportunidad de conocer culturas que desconocía.  Acabó siendo coordinador del cineclub del Marajó. “El Punto de Cultura me posibilitó trabajar con audiovisual y aún hoy me pregunto: ‘Dios mío, ¿hay algo mejor en el mundo que trabajar con cine?”. A finales del año 2008 e inicios de 2009, el grupo de Rafael tuvo la idea de hacer un documental sobre la festividad de San Sebastián. “Fue complicado, muy intenso”, pero valió la pena. Esas imágenes cierran Vozes jovens da Amazônia, el documental de 29 minutos realizado por los 16 Puntos de Cultura de Pará, que pasaron a articularse por medio del Pontón de Cultura Rede Amazônica de Protagonismo Juvenil.

 

La fuerza del legado

“Esa experiencia (del Pontón, registrada en este video) dejó un fuerte legado, la articulación de una red de Puntos de Cultura del estado de Pará. A partir de la red juvenil nosotros creamos la Red Ajuricaba”, comenta Zehma, refiriéndose al proyecto presentado al Ministerio de Cultura en 2010, para el Premio Tuxaua, como una continuidad del proceso que se estaba desarrollando en el estado. La idea en aquel momento era llevar a toda la región amazónica la metodología de movilización social que habían creado. La iniciativa, sin embargo, acabó manteniéndose solo en Pará.

En 2015, con la Convocatoria Cultura de Redes, lanzada por la Secretaría de Ciudadanía y Diversidad Cultural (SCDC/MinC), reeditaron la propuesta de la Red Ajuricaba para trabajar en la perspectiva de la Ley Cultura Viva – la Ley 13.018, que la presidenta Dilma Rousseff sancionó en julio de 2014, transformando el programa Cultura Viva en política de Estado. “En 2010, la metodología era una tecnología social de movilización pro Ley Cultura Viva. Organizábamos reuniones comunitarias para discutir la ley, buscábamos aprobarla en aquel momento. Ahora, la idea es implementar la Ley Cultura Viva”, explica.

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Zehma se dirige ao ministro Juca Ferreira em reunião da Comissão Nacional dos Pontos de Cultura, em 29 de julho de 2015

Zehma en la reunión de la Comisión Nacional de Puntos de Cultura, en 2015

Los Argonautas Ambientalistas da Amazônia siempre trabajaron con el concepto de organización en red. Inspirados por investigadores como Augusto de Franco, concibieron el formato de una red sistémica, una red que conectara ideas y personas. “Es una red abierta. Para nosotros es fundamental que los inputs y outputs (entradas y salidas) puedan pasear, la red no puede cerrarse. Otra cuestión fundamental es la concepción de una red a partir de la teoría de la complejidad. La red de los Puntos de Cultura no puede ser mecánica, automática. Es compleja, así como son los rizomas de la ecología natural. Red, para nosotros, es el propio concepto de Cultura Viva”, compara Zehma.

Además de integrante de la Comisión Nacional de los Puntos de Cultura, Zehma es un investigador del tema. La Cultura Viva es también su tema de doctorado. “Cuando la poesía se convirtió en política: un recorrido de los Puntos de Cultura en Brasil a lo largo de 10 años” es el título del artículo que escribió como inicio de su investigación. “Diez años es poco tiempo para percibir de forma concreta los cambios, pero creo que ya hubo un cambio inmenso de postura política a partir del programa Cultura Viva y los Pontos de Cultura”, dice. “Hoy, la cultura popular, tradicional, de periferia, tiene más visibilidad en la sociedad y los gobernantes. Pero es necesario avanzar, conquistar más derechos sociales. Los Puntos de Cultura han ayudado en eso. Esos 10 años son solamente la génesis de ese proceso.”

 

Sepa más

Escucha el programa radiofónico, resultado de un taller de producción transmedia realizado en Belém, en 2011:

https://soundcloud.com/idademedia/1-programa-rede-ajuricaba-no

Asista el video Vozes jovens da Amazônia:

https://www.youtube.com/watch?v=GX5ln7h81lc

Vea también:

www.facebook.com/Rede-Ajuricaba-Rede-Paraense-de-Pontos-de-Cultura

 

Doroty Marques y la Turma que Faz: caminando juntos por un mundo mejorDoroty Marques y la Turma que Faz: caminando juntos por un mundo mejorDoroty Marques y la Turma que Faz: caminando juntos por un mundo mejorDoroty Marques y la Turma que Faz: caminando juntos por un mundo mejorDoroty Marques y la Turma que Faz: caminando juntos por un mundo mejorDoroty Marques y la Turma que Faz: caminando juntos por un mundo mejor

Por IberCultura

En07, Mar 2016 | En | PorIberCultura

Doroty Marques y la Turma que Faz: caminando juntos por un mundo mejor

Doroty Marques

Doroty Marques vive en São Jorge desde 2003

Doroty Marques tiene 70 años y anda desde que nació. Ya caminó por la Selva Amazônica, con indígenas y siringueros, y encontró una manera de allí producir operetas. Con plantadores de banana en el litoral paulista, en los presidios, en el sertão, en la favela, en la calle, en el cerrado… Son 40 años caminando por Brasil produciendo operetas con niños y jóvenes. “Uso el término opereta porque en mis obras no existe mucho diálogo, sólo ritmo, color, movimiento y música”, explica la arte-educadora y música que desde 2003 está al frente del proyecto Turma que Faz, en la Villa de São Jorge, Chapada dos Veadeiros (Goiás, Brasil).

En ese pueblo de 600 habitantes a 230 kilómetros de Brasilia, donde disputa espacio en las calles con los pájaros, Doroty trabaja actualmente con 50 niños y niñas desde los 5 años de edad en actividades extracurriculares semanales. Cuatro veces a la semana ellos están allí – durante el día el espacio recibe a los niños y los profesores; por la noche, a los jóvenes de 14 a 22 años.

Ya fue más, mucho más. Cuando tenía patrocínio la Turma llegó a reunir más de 200 niños y jóvenes de los alrededores (los pueblos de São Jorge, Cavalcante, Alto Paraíso). Con la presentación de espectáculos en las comunidades y los talleres ofrecidos a los profesores durante tres años, el proyecto alcanzó a más de 3 mil personas en la Chapada dos Veadeiros.

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Las cartillas de la Turma

“La cabaña Turma Que Faz es muy libre. El niño entra en la rueda, se queda o no. No existe formalidad, reglas. Creamos nuestras propias leyes”, dice Doroty. “Cuando había dinero teníamos arcilla (el cerrado recreado en barro), pintura, producíamos cartillas (con ellas cambiamos hasta los nombres de las calles de São Jorge), danza, música, deportes, informática, confección de instrumentos. Hoy tenemos música, percusión y continuamos con la pintura, la arcilla, con los multiplicadores formados por el proyecto Turma Que Faz. Por el momento, todo el mundo se encuentra, crea, produce, presenta, por amor. ¿Quiere algo mejor?”

Primeros tiempos

Doroty Marques llegó a São Jorge en 2003, como invitada del Encuentro de Culturas Tradicionales de la Chapada dos Veadeiros. Llegó para una presentación musical al lado de su hermano Dércio Marques, y acabó quedándose. “Nunca había venido a la villa”, cuenta. “Vi y sentí que no existía un espacio cultural para niños y jóvenes. Conversé con la Casa de Cultura Cavaleiro de Jorge y con la Asociación de los Garimpeiros e iniciamos el sueño colectivo que dura hasta hoy.”   

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(Foto: Bernardo Guerreiro)

Ella había hecho eso. En todos los lugares por los que pasaba, investigaba las posibilidades de que los jóvenes y niños encontrasen un lugar donde sentirse en casa y lograsen desarrollar su sensibilidad. “Me entristece  constatar que en Brasil son creados y mantenidos pocos espacios de arte y ecología  para formar generaciones futuras”, comenta.

Cantante de programas de talentos en la infancia, en Río de Janeiro, Doroty vivió en Uruguay en la década de 1960 y pasó algún tiempo presentándose en las casas noturnas de São Paulo. Grabó su primer disco, Semente, en 1978. Otros álbumes vinieron en las dos décadas siguientes, casi todos compartidos con el hermano Dércio Marques. Los estudios de las grabadoras, sin embargo, fueron alejándose cada vez más, dando lugar al que más interesaba a la artista: las operetas populares, las actividades de arte-educación.

La Turma Que Faz y Doroty Marques en la Casa de Cultura Cavaleiro de Jorge

El trabajo con niños y adolescentes empezó cuando tenía 27 años. “Viví en los años 1980 el mundo de la televisión, el teatro, las grabadoras, con discos independientes. Sentí que allí no era mi lugar, ya estaba lleno de buenos artistas, no me necesitaban a mí también. Y fui para las favelas.” Por el trabajo en las favelas de São Paulo, realizado por medio de la Secretaría de Estado del Menor, llegó a ganar un premio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En 1992, Doroty llevó 200 niños y niñas al escenario de la Eco-92, la conferencia de las Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo que tuvo lugar en Río de Janeiro. Presentaron la opereta “O dia em que nasceu a noite” (El día en que nació la noche), cuestionando el calentamiento global. Otro trabajo marcante fue “Cadê meu rio que estava aqui?” (¿Dónde está mi río que estaba aquí?). El proyecto, que involucró escuelas públicas de la región de Penápolis (São Paulo), contribuyó al replantío de la mata nativa de los alrededores de la ciudad y el plantío de 5.000 mudas de árboles frutales en los patios de las casas.

Mirando hacia el otro y la naturaleza

En São Jorge, todos los años se presenta una opereta de la Turma que Faz en el Encuentro de Culturas Tradicionales da Chapada dos Veadeiros. En 2015 fue el momento de la “Saga de Maria Manteiga”. Dividido en 14 actos, al sonido de tambores, violas y acordeón, el espectáculo aborda el mundo virtual de hoy en día, y de cómo era antes, intentando mostrar que la tecnología es buena, sí, pero que es necesario disminuir un poco su uso y mirar más hacia alrededor, a los animales, a la naturaleza, a las personas – fuera de la pantalla de la computadora o del celular. Un tema muy apropiado para los días actuales, aunque en el pueblo la señal de internet camine a pasos lentos y los niños aún corran en las calles.

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La opereta “Saga de Maria Manteiga” (Foto: Leonil Junior)

“He conocido lugares mágicos, malditos, encantados, violentos, formados por sociedades que sólo siguen un ídolo: el consumo”, afirma Doroty. “En São Jorge, las personas se gustan, se respetan, se conocen, se valoran – a ellas propias y a la naturaleza. No tenemos hambre, prostitución, analfabetismo, indiferencia. Buscamos crear un grupo más humano.”

Jefferson Passos, de 19 años, cuenta que antes de que Doroty crease la Turma que Faz en São Jorge, la única diversión para los niños era el fútbol. Él mismo tenía 9 años (y solía seguir la pelota) cuando empezó en el proyecto. Hoy día, está terminando la secundaria en la ciudad vecina, Alto Paraíso, integra el equipo de producción del Encuentro de Culturas y aplica en la práctica muchos de los conocimientos que obtuvo allí mismo, en los talleres de la Turma que Faz, en las actividades de la Casa de Cultura Cavaleiro de Jorge (creada en 1997 y reconocida como Punto de Cultura desde 2005).

“Cada día me enseñan una cosa nueva. Todos aquí me pasan algo que yo pueda expandir en el futuro”, afirma el joven, que después de aprender cómo hacer una planilla y un sitio web, por ejemplo, quiere saber cómo inscribir proyectos en convocatorias para poder ser curador del Encuentro de Culturas en 2020. “También quiero estudiar Derecho. O Administración. Locutor de radio también sería una buena idea”, sonríe Jefferson, lleno de planes.

La capacitación después de la sensibilización

Pensando en el futuro de chicos como Jefferson, que allí empezaron a ver el mundo con otros ojos, Doroty también embarcó, en 2015, en un proyecto para la capacitación de los jóvenes de la región: “Todos Nós” (Todos nosotros). La iniciativa, otra colaboración con la Casa de Cultura Cavaleiro de Jorge, se dirige a potenciales dinamizadores que puedan desarrollar proyectos de gestión y promoción cultural. “La Turma Que Faz se preocupó en motivar, desarrollar, transparecer la sensibilidad de cada uno, usando el arte como lenguaje. Todos Nós, a su vez, se preocupa con la parte técnica, las formas de que el joven pueda sobrevivir del arte, con el arte, en el mundo de hoy”, compara la arte-educadora.

Doroty Marques en el taller de pintura e cenografia del proyecto Todos Nós

Patrocinado por Petrobras, el proyecto Todos Nós nació con la llegada del asfalto a la Villa de São Jorge, lo que hizo aumentar el flujo de visitantes en la región y ahora exige una mejor preparación de los habitantes en términos turísticos y educacionales. Se lanzaron en 2015 ocho talleres de capacitación, divididos en tres módulos: gerencial, técnico y artístico. Los dos últimos ocurrirán en el primer semestre de 2016.

Peña folclórica es el primer espectáculo que une los dos proyectos de Doroty, Turma que Faz y Todos Nós. Presentado en la 15ª edición del Encuentro de Culturas Tradicionales, en julio de 2015, y a lo largo del año en la Casa de Cultura Cavaleiro de Jorge, reúne músicas surl-americanas – desde cantos folclóricos brasileños hasta canciones de Mercedes Sosa y Violeta Parra –, guitarras, violas, percusión, danza y acrobacia en tejido. El montaje fue todo producido por los jóvenes con vistas a la generación de renta y la sostenibilidad del arte.

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Peña folclórica: el canto de Latinoamérica (Foto: Juliana Nallini)

Utilizando el arte y el medio ambiente como lenguaje sensibilizador y realizador, Doroty acabó creando una práctica pedagógica única y alcanzando a miles de niños y jóvenes de varios puntos de Brasil. En sus andanzas, esa artista popular de voz ronca y alma libre ya pasó por los estados de Minas Gerais, São Paulo, Río de Janeiro, Bahía, Mato Grosso, Amazonas, Pará, Rondônia, Acre… Como ella cuenta, ya son 40 años caminando por Brasil, produciendo operetas, respetando la naturaleza y pensando en la formación de las generaciones futuras.

“Un artista social tiene que ayudar en todos los niveles a la comunidad en la que se está involucrado”, cree. “No me hice rica y nunca me haré. Pero se planta una energía, una unión, un intercambio de conocimientos, de tristeza, de alegría, que me realiza como ser humano y artista, me llena. Es difícil para uno dejar aquella comunidad para recomenzar en otro lugar con la fuerza de la anterior. Me siento necesaria, fructuosa para la comunidad. Y eso me realiza.”

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(Foto: Leonil Junior)

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Por IberCultura

En25, Feb 2016 | En | PorIberCultura

Juliano Basso y la Casa de Cultura Cavaleiro de Jorge: una historia de encuentros

“La gente tiene que hacer más ’terapia de campo’, ¿sabe? Ir a una finca, agarrar un azadón, plantar una huerta, ver nacer las plantas, ver otro tipo de resultado. Si es sólo trabajo, dinero, supermercado, shopping, la vida se vuelve frustrante.” Es así, creyendo en la sabiduría de los pueblos tradicionales que viven en sintonía con la naturaleza, como Juliano George Basso piensa en el futuro. “Nuestros profesores de tecnología son los pueblos tradicionales, con ellos debemos reaprender cómo hacer. La ciudad se llenó, las personas están muy frustradas. Es necesario reconectar hacia acá, traer al rural, repensar el modelo de ciudad.”

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Juliano Basso llegó a São Jorge en 1996 (Foto: Oliver Kornblihtt)

Hace 20 años que Juliano Basso salió de la ciudad de Goiânia para vivir en São Jorge, una villa con 600 habitantes a 35km de Alto Paraíso, en la entrada del Parque Nacional de la Chapada dos Veadeiros, al norte del estado de Goiás, Brasil. “Cuando llegué a São Jorge me sorprendí con la riqueza cultural de las comunidades de la región y, también influenciado por mis experiencias de viaje en Brasil y otros países, sentí la necesidad de crear un espacio democrático para las manifestaciones de la cultura popular tradicional”, cuenta. De  forma colaborativa con la comunidad él creó allí, en 1997, la Casa de Cultura Cavaleiro de Jorge, y en 2001 empezó a realizar el Encuentro de Culturas, que poco a poco se transformó en una conferencia de saberes.

“Nos guiamos por el deseo de hacer que comunidades que nunca antes habían sido escuchadas por el poder público pudieran erguer la voz y mostrar toda su sabiduría. Fueron los pueblos indígenas, quilombolas, mestres, brincantes, catireiros, violeiros, artistas y todos los representantes de la riqueza del patrimonio cultural inmaterial producido en los interiores de Brasil que hicieron ese llamado”, afirma.

Roda de conversa na Casa de Cultura durante o Encontro de Culturas de 2015. Foto: Leonil Junior

Circulo de conversación en la Casa de Cultura (Foto: Leonil Junior)

“Cavaleiro”, el Punto de Cultura

La Casa de Cultura Cavaleiro de Jorge nació en medio del cerrado (y la tierra y el polvo y las piedras) como un proyecto audacioso, concretizado en paredes de piedra toá, típica de la región. El espacio, conocido por los pobladores de la villa como el “Cavaleiro”, es Punto de Cultura desde 2005 y alberga desde 2001 el Encuentro de Culturas Tradicionales de la Chapada dos Veadeiros. Son 15 años de espectáculos que unen música, danza y fe, reflejando las diversas manifestaciones de la cultura popular tradicional de Brasil.

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(Fotos: Bernardo Guerreiro)

Más de 300 grupos y artistas del país participaron del evento – desde la Folia do Divino de Crixás (Espírito Santo) hasta al Lundu de Lezeira (Piauí), desde el Maracatu Leão Coroado (Paraíba) hasta las Meninas de Sinhá (Minas Gerais). La prioridad, sin embargo, es para los grupos y manifestaciones locales: la catira y la curraleira de los foliones de São João da Aliança; la sussa de los Kalungas del Vão do Moleque y del Vão das Almas; el lundu y el batuqueo de la Caçada da Rainha, fiesta tradicional de la ciudad de Colinas do Sul; la congada de la comunidad de Niquelândia, con sus penachos inspirados en los indígenas Avá-canoeiro.

En los últimos años, el Encuentro de Culturas Tradicionales de la Chapada dos Veadeiros ha abierto espacio no sólo a las manifestaciones de música, danza, teatro y artes plásticas, sino también al debate sobre políticas públicas para las culturas tradicionales y sobre resistencia, economía de la cultura y sostenibilidad, además de la valoración de la gastronomía de la región.

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La Comisión Nacional de Puntos de Cultura se reunió en el “Cavaleiro” durante el Encuentro de Culturas de 2015 (Foto: Bernardo Guerreiro)

Talleres, encuentros y charlas

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La Feria de Experiencias (Foto: Bernardo Guerreiro)

Entre las iniciativas realizadas durante el Encuentro de Culturas están los círculos de conversación – que tienen como objetivo el intercambio de experiencias, historias de vida, prácticas y tradiciones culturales –, la Feria de Experiencias Sostenibles del Cerrado (para difundir la producción artesanal de las comunidades de la región) y diversos talleres, como clases de bordados, cerámica, confección de juegos, cerveza artesanal e instrumentos musicales.

También el Encuentro de Capoeira Angola, en su séptimo año, y el Encuentro de Liderazgos Quilombolas de Goiás, que ya tuvo tres ediciones con la propuesta de promover la integración entre los líderes de las diversas comunidades, para que debatan políticas públicas dirigidas a los pueblos tradicionales. La Fundación Palmares reconoce 22 comunidades quilombolas (remanescentes de la esclavitud) en el estado de Goiás – la mayor está en el Sitio Histórico de los Kalungas.

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IX Aldeia Multiétnica, en julio de 2015 (Foto: Oliver Kornblihtt)

Aldeia Multiétnica: vivencia como modo de acción

Una de las principales acciones del Encuentro de Culturas, la Aldeia Multiétnica surgió en 2007 como una manera de acercar al público a las costumbres, tradiciones y modos de vida de los pueblos indígenas. Se trata de un espacio de integración donde se realizan círculos de conversación, talleres de artesanía, pinturas corporales, exposiciones fotográficas y exhibiciones de vídeos producidos por los indígenas. Allí se debaten cuestiones relacionadas con el territorio, la participación de los indígenas en el ambiente urbano, el patrimonio estético y cultural de los pueblos, sus reminiscencias en la cultura popular y la educación.

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(Foto: Oliver Kornblihtt)

En 2011, el proyecto cambió de formato con la construcción de una aldea a las orillas del río São Miguel. La idea es que cada pueblo tenga una casa temporal en el local, conformando de hecho una aldea multiétnica. El nuevo modelo comenzó con los indígenas Yawalapiti, que construyeron una casa xinguana con el apoyo de la comunidad Kalunga. En 2012, fue la vez de la etnia Kayapó, y en 2013, de la Krahô. En 2014, los Fulni-ô construyeron la cuarta morada en la aldea y recibieron representantes de los pueblos Krahô, Kayapó, Yawalapiti, Fulni-ô, Xavante, Kariri-Xocó, Kaxinawá, Trucá y Wará.

Encuentroteca, el museo digital

En 2010 y 2011, la Casa de Cultura obtuvo recursos del Programa Goyazes, del Gobierno del Estado de Goiás, para implementar el Proyecto Encuentroteca: un Museo Digital. El objetivo era reunir la memoria de los 10 años del Encuentro de Culturas. Un material extenso: 363 horas de vídeos, más de 25 mil fotos, 18 horas de audio con entrevistas y músicas, y 401 notícias, entre investigaciones, entrevistas y artículos sobre más de 140 grupos de cultura tradicional de Goiás y de otras regiones de Brasil.

encontroteca1Concebida como un museo digital, la Encuentroteca surgió para conectar en redes a los grupos de cultura tradicionales del país, disponibilizar contenidos con foco en la preservación de la memoria y consolidar un mapa georreferenciado de esos grupos, ofreciendo informaciones como local, año de fundación, fecha de la fiesta local, dirección de la sede, nombre del representante, teléfono y correo electrónico para contacto.

La primera etapa del proyecto resultó en la construcción de la plataforma digital (www.encontrodeculturas.com.br/encontroteca) y la organización del material producido a lo largo de 10 años del Encuentro de Culturas: investigación, catalogación y edición de fotos, textos y audios, creación de un banco de datos, inserción del contenido producido y editado en la plataforma digital y produción de un DVD.

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Peña folclórica, espectáculo de la Turma Que Faz presentado a lo largo del año en la Casa de Cultura (Foto: Juliana Nallini)

Todos Nós y Turma Que Faz

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Taller del proyecto Todos Nós (Foto: Juliana Nallini)

El trabajo social con niños y jóvenes de la región se da por medio del proyecto Turma Que Faz, coordinado por la artista popular Doroty Marques, en colaboración con la Casa de Cultura desde 2003. Son actividades educativas, artísticas, culturales, deportivas y ambientales que buscan desarrollar el capital humano a partir de experiencias que promuevan la autoestima, la comunicación, la convivencia familiar y comunitaria, el reconocimiento del contexto en el que viven y la conciencia ecológica y patrimonial. El proyecto formó jóvenes artistas que tocan, danzan, hacen acrobacias en tejido y pintan. Todo eso se puede ver en el espectáculo Peña folclórica, que se estrenó en 2015 y tiene presentaciones durante todo el año en la Casa de Cultura Cavaleiro de Jorge.

En 2015 también se lanzó el proyecto Todos Nós, dirigido a la capacitación de potenciales dinamizadores culturales locales en el desarrollo de proyectos de gestión y promoción cultural. La iniciativa vino con la llegada del asfalto a la vía que accede a São Jorge y su consecuente aumento del flujo de turistas en la región. Se lanzaron ocho talleres de capacitación, divididos en tres módulos: gerencial, técnico y artístico. Los dos últimos están previstos para el primer semestre de 2016.

Integración con Latinoamérica

El tema del XVI Encuentro de Culturas Tradicionales de la Chapada dos Veadeiros, en la segunda quincena de julio de 2016, será “Integración de los pueblos tradicionales de las Américas”. “Todavía no decidimos la programación, pero nos gustaría invitar a los grupos de cultura tradicional de Latinoamérica para que puedan presentar a los brasileños su cultura, sus costumbres y tradiciones por medio del evento”, comenta el promotor del encuentro, elegido por los pobladores presidente de la Asociación Comunitaria da Vila de São Jorge de 2006 a 2008.

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El grupo mexicano Venado Azul estuvo en São Jorge en la 15ª edición del encuentro (Foto: Bernardo Guerreiro)

Ex-alumno de filosofía e historia de la Universidad Federal de Goiás y de artes plásticas de la Universidad de Brasilia, Juliano Basso dice que considera su misión, así como de la Casa de Cultura, proporcionar encuentros que valoren la sociobiodiversidad, posibilitando el intercambio de saberes y quehaceres. “Llegamos a un nivel de comprometimiento que no tenemos más cómo olvidar la responsabilidad. Ella ya es parte de mi historia. Y con eso quiero continuar dando voz a los pueblos olvidados, poco escuchados, negligenciados por el poder público y por una sociedad cada vez más consumista y egoísta”, destaca.

“De esa manera, seguimos en el camino para minimizar cada vez más los prejuicios y contribuir para el fortalecimiento de las expresiones de la diversidad cultural y de un mundo más igualitario. E incluso con las dificuldades de incentivo y patrocinios, siempre encontramos buenos colaboradores que comparten los mismos ideales que nosotros. Hay mucha gente en Brasil que quiere un país mejor. Vamos encontrándonos y juntándonos para crear ese escenario.”

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(Foto: Bernardo Guerreiro)

El poder del arte y de la alegría

Para él, las manifestaciones de odio que avanzan por Brasil son resultado del exceso de frustración de la gente. “Las personas quieren rebelarse contra algo y lo hacen contra el gobierno, el vecino, el negro, el más pobre. Por eso creo que la gente debe aprender con los pueblos tradicionales, con la alegría que mantienen,  la creencia que tienen en los niños y en el futuro, la humildad, la tolerancia mayor con el próximo, el saber que cada uno tiene su espacio para errar y acertar.”

Juliano cree en las “otras potencias del ser humano”, en la potencia de la alegría, en el poder transformador del arte. “El arte nos conecta con la alegría, la armonía invisible de todas las cosas”, afirma, resaltando la mística del pueblo brasileño, tanto del punto de vista religioso – de los evangélicos a los pueblos de matriz africana – como de las folías, de la cultura popular. “Es necesario alimentar esa mística, pero sin intolerancia. Porque intolerancia causa odio y odio no hace bien a nadie. Y porque estamos hablando de la misma cosa, de conectarse con el creador, con la naturaleza, con las cosas bellas de la vida, con el amor al prójimo. ¿Quién es el prójimo? Somos nosotros también.”

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Escenas del XV Encuentro de Culturas Tradicionales (Fotos: Oliver Kornblihtt)

(*Texto publicado el 26 de febrero de 2016)

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Por IberCultura

En30, Nov 2015 | En | PorIberCultura

Mãe Lúcia y la Asociación São Jorge Filho da Gomeia: economía creativa y saber ancestral

Hubo un tiempo en Bahía (Brasil) en que la mãe de santo era prácticamente una institución. Mãe Mirinha de Portão, por ejemplo, hacía de todo en el Terreiro São Jorge Filho da Gomeia, que ella misma construyó en Lauro de Freitas, región metropolitana de Salvador, en 1948. Todo y un poco más. “Era partera, agencia de empleo, consejera, psicóloga, médica, la que daba comida, la que pedía a los gobernantes la construcción de un hospital, el asfaltado de las calles”, enumera Mãe Lúcia, la Mameto Kamurici, nieta de Mãe Mirinha que asumió el liderazgo del terreiro y lo transformó en una asociación en 1995.

En 2004 el Terreiro São Jorge Filho da Gomeia se convirtió en patrimonio cultural del estado de Bahía. En 2005 se reconoció allí el Punto de Cultura Bankoma. Allí también están el Museo Comunitario Mãe Mirinha de Portão, la Biblioteca Comunitaria Mãe Mirinha de Portão, el espacio Kula Tecelagem, el Centro de Ciudadanía Digital. Entre las actividades que se ofrecen a la comunidad hay talleres de percusión, fabricación de instrumentos, danza, corte y costura, estética afro. “Los talleres culminan en el carnaval, cuando el Bloco Afro Bankoma lleva a la avenida todo lo que nosotros trabajamos durante el año: la música, la danza, la confección de aderezos, la ropa, la hilandería, los instrumentos…”, resalta Mãe Lúcia.

La creación del bloco afro, cuenta, se dio para eso: para dar voz a la comunidad y mostrar lo que se hace en los talleres con los niños, jóvenes y adultos a lo largo del año. Porque confeccionaban ropa y aderezos, fabricaban instrumentos de percusión, aprendían coreografías, aprendían a tocar e cantar… y no tenían donde mostrarlos. “El carnaval es nuestra gran vitrina”, afirma. “Tanto es así que tenemos dos desfiles: uno con los jóvenes en la avenida, en Salvador, y otro en la comunidad, el Miércoles de Ceniza, con los niños.”

La comparsa

bankoma-desfileSon 3,500 foliones en la avenida. Además de los grupos de danza, de capoeira, los 100 quilombolas de Senhor do Bonfim (a 375 km de Salvador), las baianas de varios terreiros también salen en la comparsa. El Miércoles de Ceniza todo se repite en el barrio de Portão, en Lauro de Freitas, con los niños “Ese día toda la comunidad se viste de Bankoma y sale a la calle. Los niños se ponen eufóricos. Adoran la fiesta. Cuando llega el final de año, empiezan a preguntar: ¿‘Tia, dónde está mi ropa de carnaval’? ¡‘Aún falta para que llegue, chico! (risas)”

La “preparación” empieza en noviembre, con una serie de shows musicales gratuitos en el Pelourinho, el centro histórico de Salvador. Todos los jueves, de noviembre a febrero, el Bloco Afro Bankoma hace su temporada de ensayos en la Plaza Tereza Batista, con una feria de música y gastronomía que incluye productos hechos en los talleres de la Asociación São Jorge Filho da Gomeia, en Portão.

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Dichos shows, con el nombre de Encuentros Mauanda Bankoma, cuentan con la participación de cantantes invitados, como Carlinhos Brown y MV Bill. Por medio de esas colaboraciones – Brown, por ejemplo, cedió su estudio para que el grupo grabase el segundo CD de Bankoma – la asociación va desarrollando sus actividades.

El comienzo, sin embargo, fue difícil. “Como mi padre solía decir, en Bahía no hay Senhor do Bom Princípio, sólo Senhor do Bonfim”, bromea Mãe Lúcia. “Y como todo principio, fue complicado, hubo mucha resistencia. Decían: ‘Ah, bloco afro…’ Porque hay mucha gente a quien le gustan los “blocos de trío” (eléctrico)… Pero gracias a las energías, al universo, logramos conquistar personas. Hoy ya dicen ‘yo soy Bankoma’. Y eso no hay dinero que lo pague.”

 

Autoestima

La Asociación São Jorge Filho da Gomeia se fundó el 22 de abril de 1995. El primer taller creado fue el de estética afro. “Se dio por el sentido de concienciación, porque la mayoría tenía vergüenza de salir con el cabello atado, de usar un turbante”, explica Mãe Lúcia. “Este taller fue importante para la autoestima, para sentirse negro y sentirse bonito. Hoy, nuestra comunidad tiene otra cara. Las chicas son todas reinas. Cuando visten la ropa del bloco para danzar… nadie puede con ellas. Sólo vivenciando se puede entender. Les damos ropa toda decorada y ellas van, con el propio dinero, a decorarla más (risas).”

Después vino el taller de capoeira, que resultó en el Punto de Cultura Bankoma. Y el terreiro fue abriendo las puertas a más gente, a más actividades. “Aquí nadie catequiza a nadie. Las personas que frecuentan pueden tener otra religión, o no tener ninguna”, enfatiza Mãe Lúcia, afirmando que la gran preocupación siempre fue sacar a los chicos de las calles, de la situación de riesgo. Hay madres que llevan a los hijos, hay niños que llegan sin los padres. Hay algunos que el equipo del Punto de Cultura nunca había visto antes y necesita descubrir dónde viven, de dónde vienen. “Los niños llaman a la puerta: ‘Tia, va a haber clase hoy?’ Si el profesor no puede ir, a veces yo misma doy la clase, creo un juego, doy una papilla. Y allí quedan.”

Actualmente, el Puntito de Cultura atiende a cerca de 30 niños entre 6 y 12 años. Son niños y niñas que participan de clases variadas, desde danza hasta inclusión digital, y frecuentan la Biblioteca Comunitaria Mãe Mirinha de Portão. Allí, además de actividades para estimular la lectura, con los contadores de historias, se está creando un acervo de libros específicos sobre la historia del pueblo negro. Como dice Mãe Lúcia, “el lado bueno de la historia, de nuestra resistencia, porque lo más común es encontrar libros donde somos esclavizados, subyugados”.

 

Patrimonio inmaterial

El Museo Comunitario Mãe Mirinha de Portão también es “un bocadito diferente” de los otros, ya que no tiene “sólo la parte de las piezas expuestas” sino que abarca todo lo que ocurre en el terreiro y su entorno. Así, la historia de la comunidad es parte del acervo, el samba de viola, las fiestas de los pescadores, los ternos de reis, las burrinhas…” Incentivamos a os chicos a entrevistar a los más viejos, a ir a la casa de los maestros para conversar, escuchar sus historias”, cuenta Mãe Lúcia, una de las personas que ayudaron a construir la Ley Griô Nacional en Brasil.

La Acción “Griô” cuenta con cuatro maestros: uno en la pesca, una en la confección de aderezos, otra en la hilandería y otra en las “hierbas” (en los saberes de las hojas, de las infusiones). Eunice Santos Souza, Dona Nice, también conocida como “Véa”, es la artesana de los paramentos. Es la persona que piensa los adornos que la reina del Bloco Afro Bankoma lleva en sus indumentarias – y que transmite sus conocimientos en los talleres de Punto de Cultura a las nuevas generaciones, incluyendo a la hija Elienice, griô aprendiz. Madre y hija fundaron el Oju Omin, un centro de producción de artefactos creativos que atrae a muchas jóvenes de la comunidad.

El espacio Kula Tecelagem, a su vez, actúa como centro de referencia del pano da costa, pieza de significado religioso y social, fundamental en la composición de las ropas de los rituales de candomblé. Con el proyecto Tecelagem de Tradição, se capacitan artesanos en talleres variados, con énfasis en la transmisión del saber, el inventario y en el perfeccionamiento de puntos, en la mejora de productos, en la gestión y en la organización de la producción. “Nuestra cultura usa el tejido para varias cosas, por eso buscamos el rescate del pano da costa, trabajando con ese hilo más delgado, del linaje banto”, comenta Mãe Lúcia.

Hace todo

La Asociación São Jorge Filho da Gomeia se creó en 1995 con la misión de preservar la cultura afrobrasileña de origen banto, y también como una manera de reglamentar un trabajo que en la práctica existía desde 1948. Mãe Mirinha de Portão (1924-1989) fue quien empezó todo eso, cuando compró el terreno en la Avenida Queira Deus y allí construyó su terreiro. “Hija de santo” de Joãozinho da Gomeia (1914-1971), hacía todo en, la y por la comunidad. Era la persona que hacía los curativos, los partos, los pedidos de empleo, de asfalto, de escuela, de hospital, etc.

bankoma-mae-luciaMãe Mirinha tuvo solamente una hija, que no siguió sus pasos en el candomblé – sin embargo, tuvo siete hijos iniciados en la religión. Maria Lúcia de Santana Neves, nieta de sangre (e hija de santo) asumió el liderazgo del terreiro y adoptó el nombre como mãe de santo de Mameto Kamurici. También es llamada de Mãe Lúcia, y de tia por los chicos del barrio. Aunque no sea una “institución” como la abuela – los tiempos son otros –, se divide en mil para seguir con los trabajos en la comunidad y mantener las actividades funcionando a lo largo del año.

“Es difícil, es una lucha, pero no desistimos”, afirma. “Con o sin dinero, vamos a seguir haciendo las cosas. No paramos porque no tenemos cómo parar. Porque son las cosas que están en nuestro corazón, en nuestra alma, en nuestra manera de estar en la vida. No sabemos hacer las cosas de otra manera. Y es gratificante ver a la comunidad unida, a los jóvenes, a todo el mundo allí alrededor, la fuerza que eso tiene.”

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http://afrobankoma.blogspot.com.br/

Entre en contacto: bankomaportao@gmail.com.

Asista el video sobre el Museo Comunitario Mãe Mirinha de Portão

Casa de Cultura Fazenda Roseira: un espacio de encuentro y resistencia en CampinasCasa de Cultura Fazenda Roseira: un espacio de encuentro y resistencia en CampinasCasa de Cultura Fazenda Roseira: un espacio de encuentro y resistencia en Campinas

Por IberCultura

En22, Sep 2015 | En | PorIberCultura

Casa de Cultura Fazenda Roseira: un espacio de encuentro y resistencia en Campinas

Campinas no es solamente una ciudad. Son varias las ciudades que se encuentran y desencuentran en la que fue una de las últimas en abolir la esclavitud en Brasil. Su organización espacial deja clara la diferencia de realidad de una región a otra. De un lado de la Vía Anhanguera están las mejores escuelas, los equipamientos públicos de cultura, deporte y recreación. Del otro, las ausencias.

“Campinas nos impone definir desde muy temprano de qué lado uno va a caminar”, afirma la historiadora Alessandra Ribeiro Martins, doctoranda en urbanismo y gestora de la Casa de Cultura Fazenda Roseira. “Existe un territorio, una división espacial muy expresiva. La ciudad se fue delineando y la población dirigiéndose hacia el lugar que pensaban ser adecuado. La vida de quien está de un lado de Anhanguera es muy diferente de la vida de quien está del otro lado de la vía.”

Esa división, según Alessandra, hizo con que mucha gente estuviera excluida en el campo de las políticas públicas culturales y, al mismo tiempo, se enterara muy temprano de que tenía dos caminos a seguir: o se reconocía como un todo para intentar buscar mejoras o estaría abandonada al margen. “Es casi imposible encontrar un campineiro que no quiera Campinas. Aunque tenga muchas dificultades, la quiere. Y si la quiere, se apropia del lugar.”

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La Comunidad Jongo Dito Ribeiro en las calles de Campinas. Foto: Robson Sampaio

Ocupando territorios

En la región noroeste, la periferia de Campinas, se organizó en 2008 un espacio de encuentro, educación ambiental y cultura afro como referencia agregadora en la ciudad: la Casa de Cultura Fazenda Roseira. El caserón, construido a finales del siglo 19, era la sede de una hacienda que fue transformada en equipamiento público en 2007. Esa antigua hacienda de café generó tres barrios de Campinas: Jardim Roseira, Villa Perseu Leite de Barros y Jardim Ipaussurama.

La Casa de Cultura se encuentra en Jardim Roseira y desde 2008 es ocupada y gestionada por la Comunidad Jongo Dito Ribeiro junto a otras organizaciones colaboradoras. Allí se desarrollan varias actividades que recuperan la cultura ancestral del jongo, saludando a quienes llegaron antes y estrechando los lazos con la comunidad.

Además de las ruedas de jongo, cuentan con festejos, arraiais, feijoadas de resistencia, ruedas de capoeira, proyectos con los más mayores, proyectos con los más jóvenes, debates sobre tecnología, debates sobre ancestralidad. El objetivo según ellos “es escribir y reescribir la historia del jongo en Campinas de modo que la manifestación cultural sea expandida y respetada en sus más variadas formas.”

Con alegría, afecto y buenas energías, esa comunidad liderada por mujeres negras – entre ellas, Alessandra Ribeiro – trabaja desde el año 2002 para mantener viva la llama del jongo, llevando las ruedas de toque, canto y danza a los más diversos espacios, a personas de diferentes edades, profesiones, credos y etnias.

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El Círculo de Mãe Preta, en noviembre de 2014. Foto: Neander Heringer

Patrimonio inmaterial

En 2005, el jongo del Sudeste de Brasil fue reconocido por el Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan) como patrimonio cultural brasileño de naturaleza inmaterial. Su origen está definido de manera antagónica por dos corrientes. La más reciente defiende que el jongo resulta del contacto entre los esclavos y los dueños de la tierra, en el siglo 19, en el área cafetera del Sudeste brasileño. La otra afirma que vino de África, de la región de Congo/Angola, y llegó a Brasil con los negros bantos que trabajaban en las haciendas.

Considerada una especie de “padre del samba”, esta manifestación cultural cuenta con tres elementos fundamentales: el canto, la danza y la percusión. El canto, los denominados “puntos”, mezclan metáforas y dialectos de la lengua banto. Los tambores,  hechos en su mayoría de manera artesanal, también traen un vínculo con los ancestrales.

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Noche de fiesta: “Arraial Afro-julino” en la Casa de Cultura Fazenda Roseira

Días de fiesta

En la Casa de Cultura Fazenda Roseira, donde la Comunidad Jongo Dito Ribeiro se reúne desde 2008 (antes el grupo se encontraba en el patio de la casa de Alessandra), las ruedas de jongo son semanales, abiertas a quienes quieran participar. Los practicantes intercambian experiencias y saberes, dialogan y aprenden sobre el jongo y sus formas de tocar, cantar, tirar pontos y danzar.

Una vez al año, el tercer domingo de marzo, la Feijoada das Marias do Jongo homenajea a las mujeres de la comunidad con una fiesta entre colaboradores, amigos y la población en general. Las entradas, vendidas a precios populares, ayudan a arrecadar recursos para la comunidad. La audiencia media es de 1.000 personas.

El segundo sábado de julio es la vez del Arraial Afro Julino, fiesta que empieza con oraciones a San Benedito y cuenta con presentaciones artísticas de grupos del estado de São Paulo. Además de hoguera, tiendas con comidas típicas y artesanías, se arma una gran rueda con la presencia de las comunidades de jongo de la región, como la de Tamandaré (Guaratinguetá), madrina del Jongo Dito Ribeiro. Cerca de 3 mil personas participan del evento, cuya entrada es 1 kilo de alimento.

El 20 de noviembre, Día de la Conciencia Negra en Brasil, la comunidad realiza un círculo en frente a la iglesia San Benedito, donde Dito Ribeiro dedicó su devoción a Mãe Preta. También en noviembre la Casa de Cultura realiza la exposición “Soy África en todos los sentidos”. Son 20 días de exposición, debates, películas e intercambio de saberes sobre la presencia negra.

A cada fiesta, a cada encuentro, allá están todos de la mano repitiendo el coro liderado por Alessandra:  “Eu pego a sua mão na minha / Para que juntos possamos fazer / Aquilo que eu não posso fazer sozinho” (Tomo su mano en la mía/ Para que juntos podamos hacer/ Aquello que no puedo hacer solo). Una vez más, y otra y otra, y todos se sienten unidos en la ciudad dividida. Saravá.

 

Sepa más:

https://comunidadejongoditoribeiro.wordpress.com/

www.facebook.com/pages/Comunidade-Jongo-Dito-Ribeiro

 

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