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Experiencias

Grupo Chaski: el cine como espacio de entretenimiento, reflexión e inclusión

Por IberCultura

En17, Nov 2015 | En | PorIberCultura

Grupo Chaski: el cine como espacio de entretenimiento, reflexión e inclusión

Cuando el Grupo Chaski comenzó a exhibir películas donde las salas de cine no llegaban, en los años 80, la idea era ir a los lugares más alejados para acercar el cine a la gente y crear espacios de conversación y reflexión. Iban de la manera que fuera posible: en burro, en camioneta, a pie. A veces era necesario esperar los días de luna llena para ir caminando. A veces era peor: en el medio del camino tenían que enfrentar apagones, explosiones de torres o coches bomba.

María Elena Benites Aguirre, directora del grupo peruano, cuenta que al inicio, como no tenían movilidad propia, debieron crear una fórmula de trabajo. Si las organizaciones que solicitaban el servicio estaban en la ciudad, les pedían que los recogiesen o llevasen en un taxi o vehículo que conociesen, así no tenían que pagar por este servicio. Si la solicitud venía desde la provincia, la organización pagaba el pasaje y les daba alojamiento y comida en la casa de alguien. “La movilidad interna era con lo que hubiera”, afirma.

Por ejemplo, para ir de Masin en el Callejón de Conchucos hacia Chacas, Acchas, Catac, Ucapampa, se caminaba. Se llevaban los equipos en burritos (un proyector de 16mm, un ecran, dos parlantes, un amplificador, cables, extensiones y un costal lleno de películas en 16mm). “Cuando íbamos a la selva tomábamos bote”, recuerda María Elena. “Como cuando fuimos a Pucallpa y teníamos que ir a San Francisco de Yarinacocha: al desembarcar debimos llevar todos los equipos en un bugui de construcción para caminar por la trocha.”

Con un promedio de tres proyecciones al día, llegaron a visitar casi todos los departamentos del país en coordinación con asociaciones juveniles, clubes de madres, comités de vaso de leche, comedores populares, grupos parroquiales, sindicatos, etc. En 1986, cuando el grupo recibió como donación una camioneta combi, el trabajo se aligeró,  permitiendo inclusive que salieran más rápidamente de las zonas de peligro.

Ser Chaski era (y todavía es) “ser cineasta, comunicador audiovisual y gestor cultural, que ve en lo audiovisual las herramientas ideales para promover educación, cultura y desarrollo”. “Significa sentir una profunda preocupación frente a todos los mecanismos y sistemas que generan exclusión, pobreza, violencia y destrucción del medio ambiente”.

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(Fotos: Grupo Chaski)

Dos etapas

La historia del Grupo Chaski se divide en dos etapas: una en los años 80, dirigida a la producción y exhibición de películas; otra a partir de los años 2000, cuando se crea la Red de Microcines. Aunque las necesidades de hoy sean diferentes de las del comienzo, las dos traen el cine con su potencial transformador, de creación de espacios de entretenimiento, conversación, reflexión e inclusión.

Maria Elena cuenta que Chaski se fundó en 1982 por iniciativa de Stefan Kaspar, quien vino desde Suiza con equipamiento básico y el proyecto cinematográfico El Niño de Junto al Cielo, de Enrique Congrains, que luego fue la película Gregorio. Además de Kaspar, fundaron el colectivo los cineastas Alejandro Legaspi, Fernando Espinoza, Fernando Barreto y Marita Barea.

Hacer películas y llevarlas donde muchas veces la sala de cine no llega era la perspectiva de los primeros tiempos. Los problemas políticos y económicos que vivió el país en los 80, sin embargo, hicieron que Chaski “invernase” durante algunos años. Sus integrantes, en su mayoría, siguen produciendo, exhibiendo, comercializando cine peruano, latinoamericano y del mundo.

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Los microcines

En 1998 Stefan Kaspar y Maria Elena Benites diseñaron el proyecto Red de Microcines y realizaron un piloto en el distrito de Canto Grande. Tras una encuesta a la población a modo de un concurso, se le puso el nombre a ese primer piloto: Superlaser.

Con esa experiencia en el 2002 se hizo una primera muestra que permitió contactar los primeros equipos que gestionarían los primeros microcines.

En el 2004 se formalizó el reinicio de las labores de Grupo Chaski, esta vez con el proyecto Red de Microcines, que aseguraba a sus afiliados una programación continua de películas legalmente adquiridas para la exhibición pública. Los primeros microcines se fundaron en Lima, Cusco, Ayacucho y Apurímac. Posteriormente se sumaron Puno, Piura, La Libertad, Ancash e Iquitos. En poco tiempo se formaron 32 microcines en 11 regiones del país.

Microcine aquí se define como un espacio de encuentro abierto a la comunidad donde se exhiben y producen películas que fomentan valores, reflexión y entretenimiento. Un “núcleo dinamizador de la cultura de su localidad” que se interesa por tender lazos con otras organizaciones de la cultura viva del país”.

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Las necesidades

Coordinadora de la Red Nacional de Microcines, María Elena Benites inició su trabajo en el Grupo Chaski en 1985. Fue responsable del área de Difusión Popular y, paralelamente, participó en la producción de las películas Juliana, Los niños que vinieron, El taller más grande del mundo, Cucharita, Baladas musicales, entre otras. Es miembro del consejo directivo del grupo desde 2006. También es directora y productora de Casablanca Cine.

Al comparar los primeros tiempos con los actuales, María Elena dice que las necesidades técnicas y económicas son casi las mismas en lo que se refiere al desarrollo del trabajo concreto de gestión del proyecto. “Lo que ha cambiado es la tecnología, el entorno político y el tejido social”, afirma. “Actualmente tenemos mayores distractores mentales que en los inicios de Difusión Popular (primera etapa Chaski). No había internet, no había piratería; había más tejido social al cual dirigirse con un cine diferente.”

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La película Gregorio tuvo 800.000 espectadores

Según la directora, el boom de las películas Gregorio y Juliana, así como de los documentales realizados por Grupo Chaski, tales como Miss Universo, Caminos de liberación, Perú ni leche ni gloria, entre otros, ayudaron mucho al desarrollo del trabajo de difusión. (Visto por 800.000 personas, Gregorio aborda el tema de la inmigración y el racismo. Juliana, que tuvo 600.000 espectadores, trata de la marginalidad urbana y el rol de la mujer.)

Escuela de gestión

Otra área que el grupo desarrolla paralelamente es la de la producción audiovisual, a través de la cual realiza filmes de interés institucional y brinda servicios a terceros.

“Tenemos otros proyectos que vamos trabajando con prudencia y lentamente, como la escuela de gestión cultural que ya está piloteándose, un archivo de cine comunitario, una sala multiusos etc”, comenta María Elena.

En estos 10 primeros años se exhibieron 960 películas para 80.000 espectadores. El grupo capacitó a 300 jóvenes en gestión de proyectos culturales y desde 2011 produjo 92 cortometrajes de cine comunitario. También realizó 950 proyecciones temáticas especialmente diseñadas para colegios, organismos públicos y empresas.

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Tres preguntas para María Elena Benites

¿El gran proyecto del Grupo Chaski hoy es la construcción y mantenimiento de la Red de Microcines?

maria-elena-benitesLa Red de Microcines es una área base de Grupo Chaski. Nuestro tiempo fue dedicado a este proyecto porque veíamos necesario crear una red de salas comunitarias en las cuales se exhibiera toda la riqueza audiovisual (independiente y comunitaria) producida en el Perú, en América Latina y en el mundo. En la programación de las salas comerciales no hay cabida para  películas comunitarias, con contenido social… En la red de microcines pueden exhibirse películas comerciales, pero prioritariamente aquellas que no tienen, por su contenido, espacios de difusión.

Los microcines de la red están llegando al final de su proceso de formación y madurez, lo que significa que poco a poco van teniendo su propia sostenibilidad. Lo que dará paso a enriquecer su práctica y/o a conformar otros grupos en otras ciudades, ampliando los microcines afiliados a la Red.

Aunque las necesidades de hoy sean otras, diferentes de las del comienzo, el cine sigue con su potencial transformador, ¿no?

El potencial del cine social y del audiovisual en general, como herramienta de comunicación, visibilización, recuperación de memoria e identidad, así como herramienta pedagógica y de promoción cultural y educación popular, es innegable y se ha potencializado gracias a su accesibilidad. Producir y difundir ya no es sólo labor de expertos, puede ser usado por jóvenes y adultos, por profesores y alumnos, por profesionales y empíricos.  Todos pueden tener una voz, un mensaje visual. Todos pueden ser incluidos.

Llevar a todos los barrios del Perú un tipo de cine que contribuya a la educación y la cultura ¿siempre fue el sueño de ustedes? ¿Lo considera cumplido?

Desde sus inicios Chaski buscó la forma de conectar el buen cine (que entretiene, emociona y hace pensar) con el público de todo el país. Usándolo como pretexto para crear espacios de información, reflexión e inclusión. Siempre se pensó en un cine que fuera espejo y reflejo de nuestra identidad, de nuestra cultura y realidad.

Creemos que aún nos falta mucho por hacer, el reto es ingresar a los colegios para desde allí fomentar la educación audiovisual,  a usar su potencial transformador, enseñar a leer imágenes.

Hay mucho camino que recorrer y creemos que junto con los jóvenes que nos acompañan en la Red de Microcines podemos contribuir a mejorar la oferta audiovisual que se brinda en los cines y en la TV.

 

(*Texto publicado el 17 de noviembre de 2015)

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